
«Nada más que tengo ocho hermanos más; yo soy el menor de nueve. Imagínese. A nivel profesional sólo he salido yo, pero en mi casa, en las celabraciones, todo es por bulerías», comenta Antonio El Pipa (Jerez, 1970), la última sensación en el campo del flamenco puro que trasciende aquella tierra.
Está en Bilbao, de puente de Semana Santa, como un turista más, en un alto de una gira que en unos días le llevará a los Emiratos Árabes y a Costa Rica. Su nuevo espectáculo, 'Puertas adentro' -el sexto de producción propia al frente de su compañía-, nace de la semana más tremenda de su vida, en que se le fue su madre y nació su hijo; un poema de Miguel Hernández, que habla de las heridas de la vida, del amor y de la muerte, le proporciona el concepto.
-¿Por qué elige Bilbao para pasar un fin de semana?
-Porque es el Norte; me gusta mucho el paisaje de aquí y también la gente, tan austera y, al mismo tiempo, capaz de ser muy generosa. En el Norte me alejo de lo que para mí es la cotidianidad; pero, ¿fíjate lo que son las cosas! que al llegar al hotel lo primero que veo es el cartel de un ciclo de flamenco que se celebra aquí. Le decía a mi mujer antes de embarcar que estaba nervioso, y es porque me emociona viajar cuando no tengo que trabajar. Mi paisano el matador Juan José Padilla me ha recomendado siempre Bilbao. Además, hay un vuelo Jeréz-Bilbao. Podía haber ido encantado a cualquier otro sitio, pero al final Bilbao tenía todas las papeletas.
-¿Y qué tiene Jerez?
-En Jerez nace el flamenco, que no es mejor ni peor... Es diferente. Como suenan unas palmas por bulerías en Jerez no suenan en ninguna parte. En Jerez se dice que si te sales de la losa no bailas bien; en Jerez se baila en un metro cuadrado.
-Y tienen un jamón maravilloso, y ¿qué vinos!
-Y los caballos y los toros... Es una ciudad de arte.
Calor increíble
-¿Y su casa es academia?
-Es una escuela familiar. El pilar más fuerte fue mi abuela, tía Juana, la del 'Pipa'. Era bailaora. La matriarca. Murió con 87 años y 120 kilos de peso; era una de esas mujeres que mandaba a tomar viento la estética personal. Luego estaba mi tío, que fue bailaor, Antonio 'el Pipa', de quien yo heredé el nombre. Y la que sí vive todavía y colabora conmigo en la compañía es mi tía, Juana 'la del Pipa', que por su edad está a puntito de que se le otorgue el título de tía; para nosotros los gitanos es muy importante.
-¿Y lo del 'Pipa', de dónde le viene?
-Creo que de mi bisabuelo, que era alguien muy señero de Jerez y gran fumador de pipa.
-¿Usted cómo se siente de bailaor flamenco?
-Un privilegiado. En primer lugar, por seguir viviendo en Jerez y tener allí mi compañía, sin necesidad de emigrar a Madrid o a Sevilla mismo. Esto en el sur de Andalucía no es fácil. Además, estamos en casi todas las programaciones de flamenco existentes.
-¿Pureza o mezcla?
-Me quedo con la pureza. Yo nací en una familia gitana de Jerez, del barrio de Santiago, con lo cual me encontré unos cánones marcados; yo no puedo ni debo salirme de ahí, ni me apetece. El flamenco es demasiado grande; no necesita mezclarse con el pop, el jazz o el blues para que brille. El flamenco brilla solo. En el extranjero la gente te agradece que les lleves el flamenco más auténtico.
-¿Y qué lugar es mejor: el teatro o el tablao?
-Mi espectáculo anterior, 'De tablao', era un homenaje a los tablaos de antaño; los tablaos de Madrid, de Barcelona, de Sevilla o de donde fueran... Eran locales pequeñitos donde se curtieron artistas como Camarón, Manuela Carrasco, Matilde Coral, Güito, Antonio Gades y Cristina Hoyos; después, todos dieron el gran salto al teatro, que para mí es lo importante. No debemos olvidar de dónde venimos, pero ni mucho menos a dónde vamos. El mejor lugar para el flamenco es el teatro; donde todo está perfecto y no hay nada que te distraiga.
-¿Y cómo es su nuevo espectáculo?
-En esta ocasión tenemos ayudas de la Consejería y del Ministerio de Cultura, así que puedo presumir de contar para la dirección escénica con Gaspar Campuzano, miembro fundador de La Zaranda; de tener una música original de José Luis Montón, un guitarrista catalán estupendo, y una colaboración muy especial para mí: una nana, letra y música de un cantante jerezano que no tiene que ver con el flamenco, que es David de María, que dice lo que yo no sé decir. La semana que viene empezamos muy a tope; hacemos unas últimas funciones por Andalucía y vamos a Kuwait y Dubai, y después a Costa Rica. ¿Vamos a Dubai con ocho funciones!
-El flamenco tiene algo para el mundo árabe, ¿no? Quizá esto nos salve de la batalla final.
-Siempre lo ha habido. A nivel cultural hay entendimiento entre la cultura española y la árabe, es cierto; en lo político ya ni entro. Hemos hecho El Cairo, Damasco, Beirut... Hemos hecho Marruecos... Y la respuesta siempre es de un calor increíble, como si comprendieran nuestros ritmos. Quizá sea por su música, que se sigue entendiendo.






