La 'okupación' es un fenómeno curioso, al tiempo abusivo y chirigotesco. El abuso está en el allanamiento, claro, y la chirigota en las banderas piratas, los zarcillos y las pancartas de colores. En 2007, los juzgados de Bilbao ordenaron desalojar treinta inmuebles llenos de gente a la que nadie había invitado al salón azul a tomar el té. Quizá no parezcan muchos, pero prueben a reunir a esos treinta propietarios de casas tomadas en una sola habitación: los niveles de furia y estupor llegarán a ser altísimos.
Parece que conseguir una orden de desalojo cuesta un año y muchos euros. Por sistema, los antisistema tienen abogados expertos en entorpecer el proceso judicial. Pienso ahora que, para garantizar la simetría, tal vez fuera recomendable que los abogados de los propietarios tuvieran asesores antisistema: veteranos de la contracultura que se hubiesen cambiado de bando. En caso de no encontrarlos, se recomienda caracterizar a uno de los miembros del bufete como Manu Chao.
En la región, la cosa 'okupa' acostumbra a transformar los inmuebles en 'gaztetxes', que son unos lugares de conocimiento y reflexión en los que se lee a Virgilio, se escucha a Béla Bartók y se discute apasionadamente sobre la estrategia francesa en Austerlitz. Bueno, eso y se hacen marionetas. En algunos casos, los 'okupas' de estos locales llegan a acuerdos con los ayuntamientos para disfrutar a sus anchas de las instalaciones. Se trata de uno de esos disparates que han llegado a formar parte de nuestro paisaje. En muchas ocasiones, el chalaneo se hace en nombre de la juventud y la cultura, dos términos mágicos que impresionan mucho a los espíritus sensibles y que ya no significan nada.










