«Entré en Internet aconsejada por otros compañeros del master que pasaron por la misma situación. Allí busqué barrio por barrio y tuve la suerte de encontrar el piso en el que vivo ahora». Está en el barrio de Santutxu y cuesta 900 euros mensuales, gastos de agua y de luz aparte. Esto son, aproximadamente otros 60 euros. «Comparto el piso con otras tres chicas, estudiantes, así que pagamos 300 cada una, más gastos», comenta satisfecha. Sabe que otros compañeros están peor.
De hecho, pasan bastante menos apuros que ellos para llegar a fin de mes. «Nosotros veníamos prevenidos. La fundación sabe cómo andan los precios por aquí, así que lo tiene en cuenta a la hora de establecer la cuantía de la beca que recibimos. Gracias a eso llego a fin de mes». «Seguramente, los estudiantes de aquí lo tienen mucho más complicado y recurren a sus padres», comenta. Pese a que ahora se siente «como en mi casa», la búsqueda fue complicada. «Era una locura de anuncios y no sabíamos por dónde tirar. Además, tuvimos problemas por ser de fuera. Nos recomendaron que llamaran en nuestro lugar compañeros con acento de aquí», recuerda.










