
IURBENTIA - REAL MADRID
Quien quiera restar importancia a esta acción es que no tiene respeto por la competición. Lo que queda al final es el resultado. En eso todo el mundo coincidirá. Se podrá hablar más o menos de los méritos de unos y otros, de que el Madrid tuvo en su mano la victoria en tiempo y forma previos a dejarse robar la cartera por un Bilbao Basket encomiable, heroico al no rendirse cuando todo animaba a hacerlo. Se puede escribir un tomo sobre los desajustes y despistes y su incidencia en el juego local, que en la mayoría del tiempo fue bueno, encauzado con criterio y tendente al academicismo de la pizarra.
Lo mismo que un partido de fútbol se puede saldar por un balón que rebasó apenas unos milímetros la línea de gol, de igual modo un encuentro de baloncesto puede determinar su vencedor en una acción similar. Y ahí entra en juego alguna de las lagunas que imperan en la ACB. Existe un artilugio conocido como el 'instant replay'. En cristiano, acceder a la repetición televisada de una jugada al instante para determinar su validez cuando está en juego, como es el caso, el desenlace de un partido. Claro, podría haber colegiados a los que les salieran los colores, lo que oficialmente se traduce en que los partidos no se pueden rearbitrar. Evidentemente. De idéntico modo, no se puede perder o ganar un partido por una acción no legal.
Quiso el destino reservar para la ocasión un viaje del todo a la nada, del cielo al infierno, en el lapso de ocho segundos. El Madrid había dominado el encuentro fruto de la colosal actuación de Felipe Reyes, de su incuestionable calidad y de los despistes vizcaínos que le allanaron el camino cada vez que se le empezaba a empinar. Es algo de lo que no consigue despegarse este iurbentia de los amores, que torea de salón con la izquierda para ser al instante desarmado cuando usa la derecha.
Cuando la excitación alcanzaba hasta el último rincón de las pobladas y calientes gradas de La Casilla, surgía un chute de hidrógeno que dejaba tieso al personal. Así, los de blanco se despegaban de los de negro hasta la decena en un tira y afloja sin fin. La cosa pintaba mal y emergió Paco Vázquez con el gatillo presto. Dos triples inicialmente tomados como portadores de maquillaje no fueron tal. Una antideportiva de Anna Cardús a Mumbrú -de cara a la galería al sancionar dos segundos después la gravedad de pitar la falta-, convenció al Bilbao Basket de que había que intentarlo por última vez. El luminoso mostraba un 62-70 que precedió al escándalo. El primero, positivo. Triple de Salgado a 42 segundos, buena defensa con robo incluido y entrada hasta la cocina de Huertas. Milagro. El marcador mostraba un inverosímil 78-77 con 8'6 segundos por disputarse. Dos tiempos muertos consecutivos y se reanuda el juego.
Mumbrú anota en entrada sencilla y la andanada definitiva acaba en manos de Recker. El de Ohio se eleva y deja una bandeja que tapona Hervelle cuando bajaba hacia el aro. Era el 80-79, pero nunca subió al luminoso.
El hartazgo del Bilbao Basket es mayúsculo. Más después de verificar la justicia de su dolor, que no contribuyó a que los árbitros dejaran que firmara el acta bajo protesta. El club ha anunciado que presentará una queja oficial a la ACB. Debería comenzar como el gran Springsteen hace en sus actuaciones, preguntando si '¿hay alguien ahí?'. Como musiquilla de fondo, no quedaría fuera de lugar el ya popular 'así, así...'.







