Es el caso, por ejemplo, de Izaskun, nombre ficticio de una funcionaria de Vitoria que había comprado un terreno a las afueras de la capital alavesa para construirse un chalé. Su intención era financiar la operación con los beneficios que obtuviera de la venta de su residencia actual. Pero si ésta fue tasada hace un año en 517.000 euros, el valor ha caído hasta 433.000 y continúa sin venderla. Si la tendencia se prolonga en el tiempo, podrá hacer frente a la compra del terreno, pero no a la edificación de la casa.
En Bilbao también existen casos parecidos. Una vecina de la capital vizcaína planeaba comprar una buena vivienda en el Casco Viejo poniendo a la venta el piso más modesto que ocupa ahora, así como otro pequeño inmueble en la costa de Cantabria. La mujer pensaba que con el dinero de ambas operaciones iba a poder pagar la nueva residencia, que fue valorada en 540.000 euros; pero todo el proyecto está en el alero por el parón de las ventas.
El valor de su actual domicilio ha caído en apenas unos meses de 270.000 euros a 228.000. Y todavía no ha comprobado cuánto se ha podido depreciar el piso de Cantabria, aunque imagina que la tasación evolucionará de forma muy similar. Teme que el piso del Casco Viejo le obligue a embarcarse en otro crédito.







