Pero fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando el interés por el hierro comenzó a horadar de una forma intensiva las entrañas de Muskiz. En 1859 empezó a funcionar la primera mina moderna y en apenas una década se explotaron cuatro más. Con los años, se asentaron en la localidad un gran número de compañías extranjeras, como la Mac Lennan, la Alfred Edwards o la Triano Iron Ore. Con ellas llegaron ferrocarriles, tranvías aéreos, planos inclinados y cargaderos como el de Kobaron.
El entorno de la senda Itsaslur alberga muchos de los restos mineros que sobreviven en Muskiz. Pero la localidad también conserva el lavadero de la antigua mina Petronila, que será restaurado cuando la zona acoja un nuevo polígono industrial. Otros vestigios de menor interés se acumulan en Altamira, en el límite con Abanto.










