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ANÁLISIS
La solución estaba en casa
01.04.08 -

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La solución estaba en casa
PELEA. Del Horno vigila a un rival durante el encuentro del domingo en Huelva. / FERNANDO GÓMEZ
La llegada de la primavera es siempre un momento especial. Es la época del año en que se manifiestan más gráficamente los procesos de crecimiento de cualquier forma de vida. El inicio de un nuevo ciclo. Ya saben: los pajaritos cantan, las nubes se levantan y todo eso. Y es que el invierno puede hacerse muy largo. Sobre todo cuando se resiste tanto a abandonarnos. En lo futbolístico, éste ha sido un invierno eterno. Ha durado más de dos años. Pero los idus de marzo nos han sido favorables. Tres victorias y dos empates han sepultado los malos augurios. El león ha hibernado como un oso pardo especialmente remolón. Todavía no ruge, pero empieza a desperezarse. Y sus primeros signos de vida nos provocan una mezcla de alegría y relajación. La dicha se había convertido para la afición rojiblanca en lo inverosímil por excelencia. Vivíamos cada partido con la angustia que provoca el sonido de un teléfono en mitad de la noche. Pero todo tiene un límite. Alguien dijo que los buenos ratos hay que fabricarlos, porque los malos vienen solos. En eso estamos. Queremos, necesitamos, cerrar los paraguas, abrir las ventanas y ver el sol.

En esta hora de redención futbolera, el gusto unamuniano por la contradicción y la paradoja no nos abandona. Veamos. Al final resulta que la solución estaba en casa. La columna vertebral de la resurrección la forman jugadores formados, y forjados, en la maltratada escuela de Lezama. De Amorebieta a Llorente, pasando por Iraola, Yeste o Susaeta. Súmenles a los ya habituales Orbaiz, Joseba, Aduriz o Javi Martínez y se darán cuenta de que hablamos de futbolistas que ya estaban en casa. Curiosa paradoja en un equipo cuya recuperación parecía necesitar de una política de fichajes que ha funcionado más como banderín de enganche electoral que en el césped. Lo bueno es que jugadores como Iraizoz, David López, Aitor Ocio o Iñaki Muñoz aún tienen tiempo para escribir sus mejores páginas en rojo y blanco. Pero las mejores noticias nos llegan desde el futuro. El novelista y político francés André Malraux dejó escrito que la juventud es una religión a la que uno acaba siempre convirtiéndose. La explosión futbolística de Amorebieta, Susaeta, Javi Martínez y Llorente es la gran noticia del año. Tres mosqueteros y un D'Artagnan que simbolizan bien el espíritu que siempre ha hecho grande a este Club. Uno para todos, todos para uno.

Menotti piensa que algunos futbolistas, para alcanzar la condición de cracks, deben organizar su alegría y ponerla al servicio del equipo. El Athletic necesita justo lo contrario. Alegrar su organización. Recuperar el atrevimiento y poner el trabajo al servicio del talento. Engrasar la bicicleta y echar a correr. Ahora se trata de no perder en un segundo lo que hemos tardado años en recuperar. La confianza. La autoestima. La ilusión. Adiós, grises y negros. Queremos un Athletic de colores. Cuentan que la magia de las palabras de una canción popular mejicana inspiraban a la pintora Frida Kahlo. «Árbol de la esperanza, mantente firme», rezaba el conjuro sanador. Un buen lema para un equipo que lucha por desembarazarse de un disfraz que se le había pegado a la piel en este largo y crudo invierno: el de perdedor.
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