Desde que ha muerto Rafael Azcona, su voz se oye mucho en la radio, de madrugada y también a otras horas del día o de la noche. Destaco la madrugada porque es buena hora para los fantasmas. Los días en que me despierto muy temprano y me cuesta conciliar el sueño, enciendo la radio y me voy durmiendo con ese run-run de voces. Y entonces, cuando ya estoy medio dormida, sale el fantasma de Rafael Azcona hablando de la muerte. Rafael Azcona, que escribió el guión de 'El verdugo', había practicado mucho el humor negro, una práctica sin duda saludable. Del humor afirmaba que, sin él, nos habríamos extinguido hace siglos, y de la muerte, que no le preocupaba porque, como decían los griegos, cuando estamos vivos no estamos muertos, y cuando estamos muertos no estamos vivos, así que tampoco nos afecta. La muerte, añadía Rafael Azcona o su fantasma en la madrugada de un día reciente, es un problema para los que se quedan, a los que les dejas un muerto. Me dice una amiga que no hable tanto de la muerte, que voy a espantar a los lectores, pero resulta que la periodista Nieves Concostrina está triunfando con una sección radiofónica que se titula 'Polvo eres', en la que habla de ilustres o menos ilustres cadáveres, una sección que va convirtiendo en libros y que tiene sus fans y seguidores. Será porque Nieves Concostrina hace lo mismo que hacía Azcona en sus guiones, un trabajo que él resumió alguna vez como «escribir cosas divertidas sobre cosas tristes». A la muerte conviene tenerla en cuenta, porque el rayo de sol que ilumina la mañana no durará para siempre. Disfrutemos del rayo de sol y del pájaro que canta en el jardín. No me cansaré de defender los jardines públicos, pese a que muchos arquitectos querrían desterrarlos de las ciudades, porque son los únicos jardines donde la mayoría de la gente puede acudir a soñar el paraíso perdido, que no es otro que ese jardín con su rayo de sol y su pájaro, ese momento de tregua que pocas veces se nos concede. Lo que no podemos consentir es que haya gente que nos regale un cadáver prematuro, el cadáver de un niño, el de una mujer que había consquistado un poco de libertad. La última mujer asesinada por un hombre que no soportaba que ella no hiciera lo que él quería, y las palabras del padre de Mari Luz, la criatura asesinada por un pederasta al que no se había encarcelado, son avisos para gobernantes. Actualmente, la sociedad puede ser comprensiva y dar muchas oportunidades a quienes cometen delitos contra la propiedad, pero en lo que se refiere a los delitos contra la vida, la libertad y la integridad de las personas, creo que está exigiendo un buen ajuste de la maquinaría judicial y, seguramente, penas más severas. Y que se cumplan.