
El secretario de Organización del PSOE anunció ayer que su partido cederá graciosamente a los nacionalistas vascos y catalanes sendos asientos en el órgano directivo de la Cámara Baja, tal como reclamaban, sin exigirles a cambio su voto favorable a José Bono. De hecho, el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, ya confirmó ayer que no apoyarán al ex ministro de Defensa para el cargo, lo cual no les impedirá que el diputado Jordi Jané sea elegido vicepresidente de la Mesa. Sí están dispuestos, en cambio, a respaldar a Rojo como presidente del Senado -también lo harán el PSC e ICV-, aunque su apoyo no le basta al PSOE para asegurar la designación del dirigente del PSE, pendiente de la decisión que adopten los ocho senadores integrados en el Grupo Mixto, los cuatro del PNV y los de Esquerra Republicana, que además se mostraron dispuestos a ceder sus representantes al partido de Artur Mas para que pueda formar grupo propio, algo a lo que también está dispuesto el PSOE. Las fuerzas minoritarias exigen también un préstamo para formar grupo y después escindirse en dos mitades.
Con este complicado escenario, Blanco centró ayer sus esfuerzos negociadores en el PNV, pero a última hora de ayer aún no había acuerdo. El EBB consideró que el puesto en la Mesa del Congreso -donde los jeltzales no se sientan desde la primera legislatura de José María Aznar- es una contrapartida insuficiente para que los seis diputados peneuvistas escriban en sus papeletas el nombre de Bono, un candidato que despierta profundo rechazo en importantes sectores del PNV por su probada hostilidad hacia los denominados nacionalismos periféricos, la misma razón por la que Nafarroa Bai ya anunció su decisión de no respaldarle.
De hecho, la predisposición mostrada la semana pasada por el grupo parlamentario jeltzale a apoyar al ex barón castellano-manchego generó cierto malestar interno, máxime frente a la postura inflexible de los nacionalistas catalanes y con la tentativa de acuerdo político con José Luis Rodríguez Zapatero sobre el estatus de Euskadi en la agenda inmediata. Fuentes oficiales peneuvistas constataron ayer, en este sentido, que para el partido resulta «muy complicado asumir» el apoyo al ex ministro, y recalcaron que para los peneuvistas las prebendas institucionales no son «prioritarias». «Si lo conseguimos, bien, y si no también», enfatizaron.
En todo caso, el PNV sigue reclamando la secretaría del Senado que durante los últimos cuatro años ha ocupado Iñaki Anasagasti, pero en esta ocasión los socialistas se niegan a cedérsela. Fuentes del PSOE consultadas confirmaron que la oferta al PNV pasa por el asiento en el Congreso y por un posible 'préstamo' de senadores a los jeltzales para que formen así grupo propio en la Cámara Alta -una maniobra habitual y ya ensayada en otras ocasiones-, pese a que el batacazo electoral del 9-M ha mermado considerablemente la representación del PNV en el Senado.
Pacto 'in extremis'
El trato no convence al PNV, que intentará que sus exigencias sean atendidas 'in extremis' -tiene previsto continuar con las conversaciones hasta esta misma mañana- y, de lo contrario, se abstendrá con toda probabilidad en el trámite para designar a Rojo y a Bono. El PSOE, no obstante, tiene asumido que el ex ministro de Defensa se convertirá, de no mediar un pacto de última hora con el partido de Iñigo Urkullu, en el primer presidente del Congreso elegido en segunda vuelta en la historia democrática. Sus 169 escaños no le garantizan la mayoría absoluta requerida en primera ronda, pero, en principio, parece dispuesto a asumir ese coste.
Quiere demostrar así a los nacionalistas que no va de farol cuando dice, con la vista puesta en la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero -prevista para el 8 de abril- que no hipotecará la acción de gobierno por siete votos. El PSOE quiere zafarse de la imagen de partido dependiente de las fuerzas minoritarias que arrastró la pasada legislatura. Al mismo tiempo, su alarde de generosidad con PNV y CiU le permite afear la conducta del PP, que se ha negado a ceder uno de sus cuatro puestos en la Mesa del Congreso para dar acomodo a los nacionalistas. Y se presenta además como una formación conciliadora para allanar posibles futuros acuerdos más allá de la investidura.
Pese a todo, el PNV continúa cifrando todas sus esperanzas de arrancar algún compromiso sobre normalización política a Zapatero en hacerse imprescindible frente a las dificultades del PSOE para pactar con CiU. Los jeltzales, que desligan completamente el reparto de puestos de las negociaciones para la investidura,esperan poder mantener una o más reuniones de alto nivel a lo largo de la semana para tomar una decisión.








