Sobre el tema del argot deportivo me escribe un tertuliante llamado Koldo que me envía dos nuevas perlas que ha encontrado en el vivero de los comentaristas deportivos. Se ve que los inflagaitas del idioma no descansan.
Una de las perlas se refiere al deporte de la pelota porque Koldo leyó en el pie de una fotografía que el pelotari (no cita su nombre) de la foto «golpea la bola». Pues mire usted amigo Koldo, lo que ocurrió sin duda es que el redactor del texto consideró oportuno amenizarlo con algún cambio y decidió cambiar el tradicional nombre de «pelota» por el de «bola».
Reconozco que llamar 'bola' a la pelota no deja de ser una expresión inflagaitas, pero si hemos de ser minuciosos en la crítica no se equivocó. De acuerdo con la definición oficial del diccionario de la RAE, bola es (copio) «Cuerpo esférico de cualquier materia». Y si tenemos en cuenta que la pelota es un cuerpo esférico, la frase no esté equivocada aunque sea una chorrada.
Y del juego de la «bola vasca» el amigo Koldo pasa al fútbol donde las chorradas de este tipo son innumerables como ya hemos tenido ocasión de comentar aquí mas de una vez. Mi comunicante me recuerda a los que llaman zamarra a la camiseta o dicen que el portero se coloca «bajo palos», cosa que resulta físicamente imposible.
Y como se trata de aportar alguna chorrada nueva, mi comunicante escribe lo siguiente: «Los inflagaitas del idioma no descansan. Acabo de escuchar por la radio a un locutor que para informarnos que un equipo de fútbol consigue un gol en el ultimo segundo, dijo que el tal gol, se logró «sobre la bocina».
Su texto, amigo Koldo, me induce a pensar que a lo mejor el árbitro de aquel partido, para que se le oyese mejor, cambió el silbato por un megáfono. Ya lo dije al principio, amigo Koldo: los inflagaitas del idioma no descansan.









