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An Moisson: «Bilbao me huele a sal y buena comida»
La especialista presenta en Bilbao el último perfume de Gucci y explica las técnicas de venta a las dependientas

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An Moisson: «Bilbao me huele a sal y buena comida»
AMADERADA. Moisson huele la última creación de Gucci. / M. ATRIO
Lo primero que llama la atención de An Moisson es que no desprende ningún aroma especial, incluso en la distancia corta, lo que, en su caso, no deja de sorprender. No huele a nada. Confiesa que no se ha echado ni una gota de perfume. Ella, que se gana la vida vendiendo fragancias. An Moisson, belga con acento francés -«se me ha quedado pegado», señala- se lo sabe casi todo en aromas. Es la directora de formación de P&G Prestige Products, multinacional que vende perfumes de Valentino, Prada, Escada, Dolce&Gabbana, Hugo Boss... y, también, Gucci. Precisamente, ayer visitó Bilbao para presentar la última propuesta femenina de esta firma, 'Gucci by Gucci', e impartir un cursillo a las perfumistas de If, Marionnaud y Douglas.

En tan agradable reunión, celebrada en el hotel Barceló Avenida, informó a las dependientas sobre «la vida que hay detrás de un perfume», una creación de la que no sólo hay que quedarse con su parte olfativa. Explicó lo que cuesta crear una fragancia, las claves de su elaboración «y la pasión que las envuelve. Porque son tan distintas unas de otras, con sus ingredientes específicos, algunos más caros incluso que el oro, como el Bourbon de Vainilla...»

A An Moisson se le nota que disfruta con su trabajo. Del mismo modo que goza transmitiendo su sabiduría desgranando trucos para que los perfumes perduren más en la piel y aleccionando a las profesionales sobre técnicas para mejorar el olfato y convertirlas en unas «pequeñas narices». Esos expertos -casi siempre hombres- a los que las casas de moda pagan fortunas por crear fragancias. Porque no lo olvidemos, la industria de la moda vive de los perfumes, no de los vestidos.

La primera vez que An puso a prueba sus narices en Bilbao se llevó un grato recuerdo.

-¿A qué huele Bilbao?

-Me recuerda a mi país. Es como Bélgica. Vaya, vaya. Después de llevar diez años en España me emocioné. La primera vez me olía, y es extraño, a sal. Llegué casi de madrugada. Estaba lloviendo. Vine de Madrid, una ciudad que tiene una gran contaminación, y me olía a limpio. ¿Si sigue oliéndome a sal? Ahora me recuerda a más cosas. También a buena comida.

Sensual y femenina

La ciudad. Moisson se ríe. En el caso de las mujeres es distinto. Deben oler «según el momento». Si desea transmitir un mensaje sensual, apuesta por las notas afrodisiacas que proporciona ese «toquecito» de pachulí -«hoy en día las tecnologías permiten transmitir el pachulí sin notar su fuerza»; si quiere irradiar feminidad, se rocía con notas florales -«me encanta el olor a azucena blanca»-; y «cuando trabajo», como es el caso de esta entrevista, prefiere no echarse nada.

-¿Prefiere oler sólo a limpia?

-Dígamelo usted.

«Mi aroma personal no se huele», explica mientras desvela el secreto del éxito de su empresa. «Nuestros cinco perfumistas tienen libertad creativa. Son artistas que se adentran en las selvas en busca de olores. Si les das libertad, te harán maravillas. Así que cuando se meten en el laboratorio se vuelven locos mezclando olores».

Cuenta que un perfume lleva de promedio 300 ingredientes. Después de mezclarlos, hay que «dejar tiempo» para macerar el producto. «El perfume es como el buen vino». Y «cuando está listo» debe pasar las pruebas más difíciles: los exámenes para comprobar si «encaja con la marca», gusta a los «diseñadores y, sobre todo, al público. «Hay que hacer estudios de mercado antes de ponerlo en venta». Desde que se idea hasta su llegada a las tiendas pueden pasar, como mínimo, entre 3 y 6 años. «O más», recalca Moisson. Y sólo el 10% de las 150 fragancias que se lanzan anualmente perviven al lustro de su creación.

De la que presentó ayer sólo confesó que es «exquisita». La política informativa de Gucci le obliga a no soltar prenda. Aunque dejó entrever algunas pistas: le recuerda a los tipo 'Chypre', una familia clásica de perfumes de fuerte carácter y fácilmente reconocibles por sus notas finales de musgo de roble, pachulí y bergamota.

Según los países

An Moisson sí se explayó sobre los gustos de los clientes, que son muy distintos según su nacionalidad. «A las mujeres españolas les gustan las fragancias orientales y afrutadas». Los hombres, en cambio, nos inclinamos más «por las amaderadas, combinadas con ingredientes sintéticos que evocan la brisa del mar». En contra de lo que se cree, los ciudadanos de países nórdicos escogen composiciones frescas. «Cuanto más al norte, más afrutadas y cítricas». Escada Blue es una de las preferidas. «Resulta extraño, pero a las mujeres caribeñas les apasionan las colonias más cálidas, cuando debería ser lo contrario». Especiadas e intensas como Opium de Yves Saint Laurent, cargada de vainilla.

Aunque se muestra discreta y neutral, Moisson desveló su «gran secreto», su marca favorita. Es Dolce Gabbana Light Blue. Una firma que no tenía en catálogo hasta hace poco. «Me enamoré de ella. Yo trabajaba para Hugo Boss y tenía que ir a casa para volver a ducharme, perfumarme y buscar, luego, excusas para salir y poder llevarla. Era como una adicción. Estoy encantada desde que compramos la marca. Ya no tengo que ocultarlo», bromeó.

Cuenta que en su baño siempre figura su fragancia favorita, que después combina con otras. Últimamente echa mano de Escada Magnetism, con olor a caramelo. Aunque posiblemente influya más su piel. La última vez que estuvo en su país natal, una amiga a la que hacía tiempo que no veía le preguntó a qué olía y ella respondió que no llevaba nada puesto. «Pues hueles a perfume», insistió esta. «Cada uno tiene su aroma específico. No llevo nada», reiteró Moisson. Como ayer en Bilbao. Sin nada encima.
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