
-La juventud vitoriana parece que cada vez es más formal. ¿Por qué?
-Ya se ha constatado una evolución parecida a nivel español. Tranquilamente nos podemos colocar alguna medalla, ha habido cierta concienciación por parte de la juventud debido a las campañas que se han llevado a cabo tanto dentro como fuera de la escuela.
-¿Esta tendencia continuará en el futuro?
-Creo que sí. Si se plantean políticas en este sentido se beberá menos de forma exagerada.
-¿Qué políticas son esas?
-Desde luego, no se trata de decir 'drogas y alcohol no, nunca hasta los 18 años'. Eso ha fracasado, igual que el cierre de bares y las prohibiciones, porque un fenómeno social como este, tan arraigado, no se soluciona sólo con medidas legales. Y tampoco diciendo lo malo que es beber y drogarse, porque los jóvenes ven a su hermano mayor, o a su tío, que han tomado de todo y no les ha pasado nada.
-¿Qué propone?
-Defiendo la prevención positiva, enviar el mensaje de que no por beber uno se lo va a pasar mejor.
-A muchos les sonará al 'repelente niño Vicente'...
-No se trata de crear 'vicentitos', sino de invitarles a mirar a su alrededor y que vean qué chavales están más contentos. Está demostrado que los chicos más felices son los que menos beben, y los más 'tirados' son los aficionados a los excesos.
-Para los padres todos son felices, porque los hijos de uno nunca beben ni se drogan.
-Esto es curioso, porque todos sabemos lo que hay, pero los padres siempre piensan que quienes más alcohol consumen son los hijos de los demás, y las drogas sólo las toma el niño del vecino. Incluso, cuando alguno llega borracho a casa, es producto de una hamburguesa en mal estado o, en el peor de los casos, piensan que ha sido una noche loca. Cuando los problemas ya no se pueden ocultar el choque para ellos es brutal.
-Por la noche parece que todo llama al vicio.
-Los fines de semana la noche reina en el tiempo libre. Los chavales salen y el día siguiente no hacen nada: entre los 13 y los 25 años casi desaparece la práctica de deportes juveniles y hay un paréntesis en la vida social. Además, no es lo mismo beber a las tres de la tarde que a las tres de la madrugada. Poco a poco, deberíamos ir hacia una mayor conciencia de que las fiestas nocturnas empezasen antes y terminasen antes. Y recuperar la plaza del pueblo, la armonía social, que padres e hijos se viesen en la calle a mediodía, tomando algo.





