La Corporación modificó su parecer tras recibir un último informe elaborado por el comité de empresa en el que se disocian tajantemente la nueva depuradora y la planta de coque. Según argumenta el escrito, la estación de tratamiento podría recoger también las aguas de la futura fábrica, pero sólo si ésta se pone en marcha tras cumplir con «todos los permisos».
El visto bueno municipal llegó tras un intenso debate entre el equipo de gobierno, que integran EA y PSE. Los socialistas defendían desde el inicio la depuradora y fueron los nacionalistas, que ostentan la Alcaldía, quienes cambiaron ayer de postura para coincidir con su socio. El desacuerdo entre ambos, pese a todo, se mantiene en las alegaciones presentadas a la Autorización Ambiental Integrada (AAI) de la refinería, que fueron aprobadas sólo por los abertzales. En ellas se solicitaba incluso un cierre de las instalaciones que descartó posteriormente el máximo edil, Gonzalo Riancho, también de EA.
Demanda histórica
La licencia municipal servirá para satisfacer una histórica demanda vecinal y de los propios trabajadores de la fábrica, que desde hace años exigen una nueva depuradora para eliminar el hedor industrial y la contaminación que conlleva. La futura estación de tratamiento, proyectada ya por Petronor, tiene un plazo de ejecución de 18 meses y exigirá un desembolso de 16,7 millones de euros. Su puesta en marcha permitirá eliminar hasta el 90% de los olores que se generan.
La depuradora actual, ubicada junto al barrio de San Julián, dispone de dos piscinas en las que se almacena el agua sucia de la fábrica y se separa de los lodos. El nuevo proyecto, en cambio, prevé sustituir ambas piletas por un sistema de depósitos de distintas dimensiones que facilitaría una decantación a escala más perfecta y mejoraría la pureza de los vertidos al mar. La futura instalación, además, dispondría de una cubierta parcial que reduciría al mínimo las emisiones a la atmósfera.







