
Era tal la confianza, que hasta un funcionario municipal al que su futuro consuegro le puso en la pista tras haber adquirido varias plazas, ni siquiera se preocupó de comprobar la dudosa legalidad de esta venta.
Hubo quien compró el estacionamiento al módico precio de 12.000 euros, de los que seis mil se abonaban en un primer momento, al conocer que uno de los imputados había comprado varias para él y otras tantas había vendido a su hermano e incluso a su yerno. Plazas por las que pagaron 6.000 ó 12.000 euros, siempre en función del momento de la venta.
También hubo quien llegó a tiempo, al detenerse a los presuntos estafadores, y se libró de pagar nada menos que 27 estacionamientos que tenía apalabrados.
Sorprendió a la sala el hecho de que una de las defensas llamara a testificar al amigo de prisión de uno de los acusados en este procedimiento, al que de nada conoce, en lugar de hacerlo con el de su patrocinado como hubiera sido más lógico.
El juicio se reanuda hoy a las 10.00 horas con las conclusiones de las defensas, de las acusaciones particulares y del ministerio público, quien formula, en este último caso, una condena de seis años de cárcel para cada uno por un delito continuado de estafa.





