
-Planteo una conversación entre tres amigas, dos que vivían en mi pueblo, Valleseco, y una que se había ido y regresa presumiendo de las virtudes de la capital. Aunque a lo mejor está sirviendo, la que regresa tiene que aparentar más. Es como un diálogo en la calle.
-¿Podían haber sido hombres las figuras?
-No. He hecho alguna escultura de hombre, pero me siento mucho más cómodo cuando trabajo con el cuerpo de la mujer, por sus volúmenes, su belleza, su gracia femenina. Cuando al hombre se le hace un poco musculoso se parece un poco al anuncio ese de Michelín.
-Obra fija en un gran Museo de Arte Contemporáneo. ¿Un privilegio?
-Es un lujo increíble que sólo se lo pueden permitir las grandes capitales. Que una comunidad autónoma tan pequeña como La Rioja tenga un museo así es algo increíble. Cuando la gente se dé cuenta de lo que tenemos instalado aquí, es realmente para volverse locos.
-Y localizado estratégicamente, a trasmano del centro urbano.
- Esa es la filosofía que tiene y mantiene la empresa multinacional alemana Würth. Colocan el museo ahí, en un sitio de donde sale el dinero para mantener el museo. Esa unión del mundo laboral y del mundo del arte.





