A quienes llevamos Argentina en el corazón, no sólo a Gardel, a Di Stéfano, a Maradona y a Borges, sino a muchos amigos de allá, que son también de acá, se nos hace un nudo en el pecho, a media altura. ¿Cuál es el indescifrable enigma argentino? ¿Por qué no siendo individualmente inferiores a nadie, son un estruendoso fracaso colectivo? Al llegar a Buenos Aires, extraditado desde España, el ex militar Ricardo Miguel Cavallo se ha negado a declarar ante los tribunales de Justicia de su país acusado de delitos de lesa humanidad. La dictadura, que duró desde 1976 a 1983, y que si dura más no deja a nadie vivo, extinguió a buena parte de la juventud. Los represores pensaron que para salvar a la patria no había un procedimiento mejor que disminuir el número de compatriotas.
Al genocidio y al terrorismo de Estado se unieron las minuciosas torturas. Cavallo está considerado como un especialista. Lo reconocieron algunos supervivientes, que atestiguaron contra el heroico martirizador cuyo campo de batalla eran las celdas. No hay que aplicarle sus propias técnicas. Sólo la ley, pero el sagrado monosílabo está merecidamente desacreditado.







