CiU ya había descartado, días atrás, su apoyo explícito al candidato designado por Zapatero desde la pasada legislatura, pero el PNV no había dejado clara la orientación de su voto. En realidad, si lo que quería era controlar al «cabestro», tal y como le denominó Erkoreka, lo lógico habría sido un apoyo explícito desde el primer momento. Máxime si el PSOE le cedía una secretaría segunda, que recayó sobre Beloki.
Pero dada la intención de Zapatero de ofrecer, para esta legislatura, una imagen que no sea dependiente de las fuerzas nacionalistas, los votos de CiU y PNV fueron por su cuenta. Sin negociar nada a cambio porque nadie les pidió nada. Eso decían. Costaba creer que no hubiera existido un intercambio de cromos, como suele ocurrir, pero el PNV reconoció que el PSOE no le había pedido nada y que no tenía mucho sentido votar en una dirección distinta de la que había anunciado CiU. Pero más costaba creer que el PSOE no le exigiera nada al PNV, tras el espinoso conflicto focalizado en el Ayuntamiento de Mondragón, donde ETA mató a Isaías Carrasco. Que el PNV se negara a presentar una moción de censura contra la alcaldesa de ANV, mientras recibía el regalo de la secretaría segunda en la Mesa del hemiciclo, la presidencia de dos comisiones y la formación del grupo propio en el Senado, provocó reacciones airadas en buena parte de la militancia socialista.
Ahora empiezan las negociaciones para la investidura de Zapatero y Jáuregui auguraba que la sesión del presidente «incluirá la segunda vuelta a no ser que alguien quiera regalar su apoyo a cambio de nada». La sombra de Mondragón, como ejemplo del triple lenguaje que es capaz de adoptar el PNV (negativa a presentar una moción de censura, presión a Zapatero para que pacte con Ibarretxe a la vez que homenajean a las víctimas del terrorismo) va a dificultar la política parlamentaria. O al menos eso cree Jáuregui. La falta de exigencia del PSOE al PNV para que mantenga una actitud ética y moral con los cómplices del terrorismo no se entendió ayer en buena parte de la militancia socialista. Rosa Díez, crecida con su escaño, se abstuvo con Bono. El tiempo irá perfilando una legislatura que todavía está por definir y sobre la que ETA quiere planear.
t.etxarri@diario-elcorreo.com








