Sin embargo, uno habla con padres de familia o, sobre todo, con profesores y constata que los estragos ocasionados por la serie son superiores a la media. ¿Por qué? Quizá por lo que anuncia. No es verosímil que el adolescente medio español vaya a comportarse como un burdo pedazo de carne que galopa sobre sus genitales a la velocidad que le dictan sus hormonas, tal y como se ve en esta serie; no más, en fin, que lo que ya se ve por ahí. Pero esta se ha roto un tabú. Hasta ahora, aún se guardaba una cierta pose constructiva, se aparentaba un afán pedagógico (aunque fuera tramposo), todavía se aspiraba a dotar de un contenido vagamente moral al relato. Por el contrario, 'Física o química' ha saltado esta barrera: el adolescente ya no es alguien que se está formando, sino un cuerpo vigoroso que fornica y se droga; el profesor ya no es alguien que enseña, sino un ser de humanidad incompleta que encuentra en el sexo un expediente fácil para sus innumerables complejos. Este acento omnipresente en la sexualidad es sin duda el rasgo mayor de la serie. Lo que molesta no es tanto el contenido sexual como el hecho de que los protagonistas sean menores de edad; y que el discurso que subyace a la crónica erótica sea de una planicie desoladora. Sin proponérselo -porque su intención era exactamente la contraria-, los guionistas nos han enseñado un mundo atroz del que hay que huir.







