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ÁLAVA
Las dominicas abandonan el monasterio de Quejana que fundó hace 630 años el padre del Canciller Ayala
La Diputación, copropietaria del conjunto monumental, abre un período de reflexión sobre su futuro Sólo quedaban 5 monjas mayores, que se trasladan a San Sebastián

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Las dominicas abandonan el monasterio de Quejana que fundó hace 630 años el padre del Canciller Ayala
BIEN CULTURAL. Vista del conjunto de edificios que forman el palacio, el convento, la torre-capilla y la iglesia que desde la Edad Media erigió el linaje de los Ayala en Quejana, en el solar de la familia. / BLANCA CASTILLO
La historia es implacable. Las cinco monjas dominicas que viven en clausura en el monasterio de San Juan Bautista de Quejana, en el valle de Ayala, han decidido abandonar el lugar por la imposibilidad de poder llevar a cabo su misión religiosa. El conjunto monumental de época medieval más importante de Álava, declarado en 2002 Bien Cultural Calificado por el Gobierno vasco, con su palacio fortificado del siglo XIV, el torreón capilla de la Virgen del Cabello, donde se halla la tumba de alabastro del Canciller y su mujer, y la iglesia de San Juan, entre otras construcciones, se queda por tanto sin sus guardianas. Las monjas lo han habitado desde que lo fundara Fernán Pérez de Ayala en 1378.

La Diputación alavesa, que compró hace unos años el palacio, la parte más antigua del conjunto, para instalar un museo, eludió comentar la noticia. Sin embargo, fuentes forales aseguraron que el Gabinete Agirre «ha abierto un período de reflexión sobre lo que se debe y se puede hacer en un conjunto arquitectónico de tanto valor».

El monasterio de Quejana acogió el año pasado la celebración de los actos conmemorativos del VI centenario de la muerte del Canciller Ayala, el personaje histórico más importante de la provincia y con mayor proyección en la historia de España, que está enterrado en la capilla torre que mandó construir.

La falta de relevo vocacional y la elevada edad de las dominicas, dos problemas muy generalizados en la Iglesia, han aconsejado que se trasladen a otra comunidad. En concreto, a Ategorrieta, el convento de la orden en San Sebastián. Con ellas son ya catorce las comunidades religiosas de la Diócesis de Álava que se han cerrado desde 1993. Y todas por la misma razón, la ausencia de hermanas y de jóvenes vocaciones.

«Somos como diez»

La marcha de las dominicas de Quejana fue confirmada a EL CORREO por la madre abadesa desde hace 30 años, María Gloria de la Vega, que prepara estos días un acto de despedida que tendrá lugar el domingo a partir de las 11.30 de la mañana con presencia del obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi. La priora bromeó con el problema que supone atender un edificio tan grande, el palacio de los Ayala, para cinco monjas, algunas muy mayores. «Somos cinco pero valemos como diez. Nos debemos multiplicar», aseguró. Sor María Gloria admitió que es un «momento triste» para la comunidad después de tantos años de arraigo en tierra ayalesa.

En esa misma línea se manifestó el dominico Hipólito Vicente, capellán y responsable de la iglesia del monasterio, que hace las veces de parroquia de Quejana, y que continuará en su puesto. El padre Hipólito es también el guía para las más de 17.000 personas que visitan este conjunto monumental cada año. El museo que cuenta la historia de los Ayala y de los edificios forma parte de la red foral.

El propio diputado general, Xabier Aguirre, acudió el pasado 8 de agosto, en uno de sus primeros actos públicos, a Quejana para cumplir con una singular tradición: trasladar la reliquia de la Virgen del Cabello, desde el convento de San Juan Bautista a la capilla del Canciller. Una sencilla ceremonia a la que los representantes de la Diputación acuden desde 1959, cuando ayudó a restaurar el monasterio. La institución foral ha sido uno de los grandes bienhechores del monasterio y ha pagado muchas reformas.

La marcha de las dominicas, propietarias de todo el conjunto y de la huerta, a excepción del palacio, abre un gran interrogante sobre su futuro. El solar de los Ayala, que reúne algunas de las obras artísticas más importantes de la provincia como el sepulcro del Canciller o el citado relicario de la Virgen del Cabello, ha pasado por momentos críticos hasta el punto de ser considerado casi ruina.
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