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Esa lengua

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Las lenguas se retuercen y se afilan cuando se habla de la lengua materna. Por ejemplo: yo fui un bebé sin dientes que mamó de las ubres de dos lenguas distintas, así que tengo dos lenguas maternas, de la misma forma y con idénticos derechos que se puede tener dos madres a la vez. O dos padres a la vez y dos amores a la vez y no estar loco, como el día a día viene demostrando. A mis dos lenguas maternas las he amado siempre por igual. Con esas dos madres amamantadoras de mi lenguaje se conformó por partida doble mi pensamiento y modo de ver el mundo. A ninguna de ellas la sentí madrastra. Jamás podría ponerme en la tesitura de elegir a una frente a la otra lengua. Adoraré hablar, leer y pensar en las dos lenguas. Mi adoración por los dos idiomas que marcaron mi infancia se acrecentó con los años, con la charla y la lectura. Y lo mismo que representa la leche materna frente a la de lata, pienso que dos leches maternas te sirven también, ya de mayor, para crearte defensas mentales y anímicas ante las delirantes y patéticas iniciativas en torno a la defensa de una determinada lengua.

Aprendí a leer dando la lata en plena calle para que me descifrarán lo que ponían los carteles de las tiendas, los de los cines, los nombres inscritos en las fachadas de los sitios donde se bebía o se compraban zapatos. Qué era lo que ponía encima de la librería que exhibía preciosas cajas de lápices de colores Alpino. Leo que los nacionalistas gallegos proyectan aplicar bajo multa que los comercios del país de Breogán sean rotulados en gallego. Demos un vistazo a un pueblo de la Galicia que llamaban 'caníbal' en la 'movida' gallega, que se esfumó 'para nunca máis'. Proliferan en las escasas viviendas de una pequeña rúa, aunque calle principal, las sucursales bancarias, está la cruz de la farmacia, los iluminados frentes de las franquicias de supermercados... De pronto, un letrero extraño: 'Valtiariri y Cia'. ¿Y eso qué es? Pues la oficina matriz del negocio de unos emigrantes que pusieron a su hija y a su empresa el nombre de una fotonovela venezolana. Al lado está el tanatorio. Por cierto, ¿cómo se le llamará en la lengua materna de Castelao al lugar donde todos nos quedamos obligatoriamente mudos?
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