Aprendí a leer dando la lata en plena calle para que me descifrarán lo que ponían los carteles de las tiendas, los de los cines, los nombres inscritos en las fachadas de los sitios donde se bebía o se compraban zapatos. Qué era lo que ponía encima de la librería que exhibía preciosas cajas de lápices de colores Alpino. Leo que los nacionalistas gallegos proyectan aplicar bajo multa que los comercios del país de Breogán sean rotulados en gallego. Demos un vistazo a un pueblo de la Galicia que llamaban 'caníbal' en la 'movida' gallega, que se esfumó 'para nunca máis'. Proliferan en las escasas viviendas de una pequeña rúa, aunque calle principal, las sucursales bancarias, está la cruz de la farmacia, los iluminados frentes de las franquicias de supermercados... De pronto, un letrero extraño: 'Valtiariri y Cia'. ¿Y eso qué es? Pues la oficina matriz del negocio de unos emigrantes que pusieron a su hija y a su empresa el nombre de una fotonovela venezolana. Al lado está el tanatorio. Por cierto, ¿cómo se le llamará en la lengua materna de Castelao al lugar donde todos nos quedamos obligatoriamente mudos?






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