Lo digo porque un simple vistazo a la lista de artistas demuestra que se sigue queriendo tocar todos los palos, buscando mezcolanzas tan curiosas como las coreografías de Roland Petit con la música de Duke Ellington, los derivados del Soft Machine con el imperecedero Jean Luc Ponty o, incluso, algunos efectismos como el de Liza Minelli, una estrella ya decadente y con más raíces en el género de Broadway, que en el viejo o en el nuevo jazz.
Eso sí, el giro a la ortodoxia, a la vanguardia y a los superventas del jazz se acredita con gente tan variada como Ahmad Jamal, Maceo Parker, David Murray, Keith Jarret y Diana Krall, esta última ya más dispersa desde su unión con Elvis Costello.
En definitiva, un gran festival de música aunque no tanto de jazz, si bien con un poco más de jazz que en otras ocasiones. Un puzzle multiforme y multidisciplinar, por supuesto, del que se puede disfrutar mucho.






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