Que la Tierra se caldea nadie lo niega. Ni que se ha calentado entre 0,8º C y 1º C en el último siglo debido a la actividad humana; ahí están los registros históricos de temperaturas. Que las alarmas están al rojo vivo, tampoco. El consenso científico es abrumador después del cuarto informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, santificado en 2007 por todos los gobiernos del mundo. Pero ocurre que la ciencia no pare dogmas y deja resquicios de duda por los que se cuelan planteamientos críticos sobre lo esperable.
«Hay elementos de catastrofismo. Hay gente que busca efectos negativos que atribuir al cambio climático». William M. Briggs, investigador de la Universidad Central de Michigan, duda del aumento medio de las temperaturas predicho por el IPCC para este siglo, entre 1,8º C y 4º C. Las estadísticas son lo suyo y con los modelos matemáticos y de predicción climática vigentes entre los científicos «no se puede alcanzar ese grado de certidumbre». «Las predicciones de aumento de las temperaturas son muy altas respecto de los niveles que las observaciones disponibles permiten fijar», sentenció.
José Manuel Moreno, de la Universidad de Castilla-La Mancha y coordinador del informe del IPCC para el área Mediterránea, no tiene dudas y sí prisa por que la comunidad internacional fije nuevos objetivos de reducción de emisiones de CO2 más ambiciosos que los de Kioto. «El riesgo es tan grande que no se puede esperar a tener la certeza científica absoluta al 99%».
Briggs tampoco ve claro que el calentamiento global justifique por sí sólo la profusión de pequeñas y grandes 'catástrofes', de la desaparición de especies al aumento de las afecciones renales en Australia, de la expansión de virus infecciosos a la merma de las cosechas en latitudes subtropicales. «Hay tantos y tantos efectos negativos que cuesta creer que todos sean ciertos». El estadounidense pidió más tiempo y nuevas investigaciones, y vacila ante las estrategias de reducción obligatoria de emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero.
«Esa es la opinión de un señor, muy respetable, pero que no es en absoluto lo que ha acordado el IPCC y los gobiernos de todo el mundo», replicó Moreno, encendido, atropellando el turno de traducción de la intervención de Briggs. «No puede ser ése el mensaje que se traslade a la opinión pública, y lo digo como investigador, como ecólogo y como ciudadano particular», siguió, y recordó que las pruebas recopiladas son «apabullantes».







