La segunda asociación es la que yo llamo ASPERSERA (ASociación de PEatones Respetuosos con los SEmáforos a Rajatabla), cívica conducta peatonal que sólo practican el doctor Usparicha presidente de la benemérita DYA y un lector llamado Niko y sus amigos. A esta asociación, sintiéndolo mucho, no pertenezco aunque procuro respetar siempre el derecho de los conductores.
Y la tercera asociación la fundé cuando aún trabajaba en La Gaceta del Norte. Se llamaba 'El Club del despiste', y muy a mi pesar sigo perteneciendo a ella cada vez con mayores méritos a causa de la edad. No les voy a citar mis despistes porque la relación sería interminable.
A esta última asociación pertenecían dos señoras que solían acudir asiduamente a una cafetería a tomarse su cafelito acompañado de conversación. Y que conste que con esto no quiero decir que las mujeres sean mas charlatanas que los hombres. En este aspecto creo que estamos empatados, aunque sean ellas las que suelen llevar a cuestas la fama de charlatanas. Pero sigamos con el despiste.
Las dos amigas tomaron su café enfrascadas en amena conversación y como a la hora de marcharse no vieron por allí al camarero, contando con la confianza de buenas clientas, miraron el tique que había en la mesa, dejaron en el plato el importe que aparecía en el papelito y se fueron sin darse cuenta de que habían pagado por dos cafés casi el doble de lo que valían.
Así quedo la cosa hasta que volvieron al día siguiente y el camarero les devolvió lo que habían pagado de más, dándoles una explicación de lo ocurrido. El tique era por lo visto de un cliente anterior y correspondía a la compra que había hecho en una ferretería.
Y den ustedes gracias -les dijo el camarero sonriente- a que solo compró cuatro bisagras. Que si llega a comprar una vajilla...




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