
Militante en el Partido Demócrata Popular (PDP) desde los 17 años y en el PP a los 22, Alfonso Alonso fue alcalde desde junio de 1999 a mayo de 2007. Su elección como portavoz adjunto del Partido Popular en el Congreso significa que alza el vuelo hacia Madrid como un ave migradora en busca de nuevos horizontes. La ciudad de Vitoria, cuya historia conoce al detalle -otra de sus pasiones además del mus-, lo ha visto crecer, primero entre libros y luego entre micrófonos, cimientos de casas, baldosas, zanjas, centros cívicos o reuniones de vecinos. Ha sido alcalde a los 32 años, sin apenas haber ejercido como abogado, ni aprendido a ser concejal, cuando muchos de su generación siguen en la casa familiar. «Ha sido un padre para sus hermanos. La vida le ha hecho madurar desde joven», dice su amigo y ex asesor Pablo Gay-Pobes.
Culto y vehemente
Camina apresurado y en línea recta impulsado por su propia ligereza, pero no siempre llega en punto a las citas. Aparentemente distante cuando mira a su interlocutor es cariñoso y amigo de sus amigos. Caótico, gran discutidor, culto, inteligente, dotado de una capacidad de improvisación fuera de lo común, su vehemencia le ha acarreado problemas con la oposición, al tiempo que le ha hecho ganarse el respeto de todos.
Por todo eso, Ramón Rabanera, el ex diputado general y su antecesor en la presidencia del PP, apostó por él. Se la jugó, aunque hubo quien le dijo que era una barbaridad, tan joven e inexperto. «Si no sale alcalde, me estrujan», señala el ahora senador por Álava, que ve cumplida la idea que se hizo de él. «En política, como en la vida, hay que tener suerte también. Si la tiene, su futuro es brillante. Hasta ahora lo ha hecho muy bien».
Los elogios a su figura no sólo vienen de sus amigos o sus camaradas. Mikel Martínez, portavoz del PNV, el partido que junto al PSE ha sometido al ex alcalde al mayor acoso político que se recuerde en Vitoria en los últimos años, va a echar de menos, «su cercanía, su ironía y su sentido del humor», puntos en los que coincide con el actual alcalde Patxi Lazcoz, que destaca su cordialidad y algo que no se suele reconocer al adversario: su oratoria.
Los que le conocen dicen que tenía un modelo de ciudad en la cabeza, diferente al de su predecesor, Cuerda, basado en las oportunidades. La vivienda, la ecología, el soterramiento del ferrocarril, y la revolución tecnológica son elementos de esa fórmula a la que le faltó apoyo para hacerse realidad, aunque construir pisos hasta reducir el problema de la vivienda en Vitoria, el despegue turístico o la imagen de capital verde y ejemplar están en su haber.
Para la oposición su gestión fueron ocho años perdidos y los vecinos no siempre vieron a Alonso como el gran gestor que su partido proclama. Para José Luis Bezares, ex presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos y amigo, su cercanía personal a los miembros de estos colectivos «no ha ido acompañada de compromiso y de eficacia para resolver los déficits de los barrios», indica.
Liberal de pensamiento, su defensa de las bodas entre homosexuales o la mesa fallida con presencia de Batasuna al principio de su mandato fueron ejemplos de los nuevos tiempos que quería imprimir, aunque finalmente claudicó a la ortodoxia del partido. Era el aire fresco y renovador que necesitaba el PP.
Paradójicamente, la derrota en las elecciones municipales de mayo de 2007 por apenas 1.700 votos frente a la candidatura del PSE le va a dar, casi un año después, la oportunidad que no iba a tener si hubiera ganado. Para Mikel Martínez es un «animal político», llamado a jugar un papel relevante en los próximos años. En eso coinciden amigos y adversarios.





