
A pesar del currículo, lo del profesionalismo está crudo. «Somos semiprofesionales. Sólo yo vivo de esto, porque malvivo. Los demás trabajan aparte. En fábricas, talleres y mensajería». Los demás son los tres Vice Presidentes. Los Presidentes del Vicio, metaleros extremos que comparten parte de su alineación con los más fumetas Neubat. «Ellos siempre han tocado conmigo. Son el pilar básico, aunque también ha habido otros elementos. Y tocan en Neubat, pero no son todos los que están ni están todos los que son».
Increíble
Su tercer disco en solitario lo han grabado en USA. «La posibilidad se nos presentó mediante Alfredo Hernández, de Kyuss. Él viaja a menudo a Euskal Herria en giras con diferentes bandas. La última vino con Brant Bjork al Azkena Rock Festival de Vitoria. Nos presentaron amigos comunes y él nos condujo a Robbie Owen». Sorkun se refiere al productor del CD. «A Robbie le encantó la idea de producir mi album. Cogí un avión a Francfort para conocerle, y al de dos horas estábamos poniendo fecha para la grabación en Palm Springs, California».
Tan lejos volaron los Vices y Sorkun. Su peor recuerdo es «una bronquitis que pillé en el desierto», pero lo demás le ilusiona. «Lo mejor es este pedazo de disco y los amigos de lujo que hemos hecho allí. Cuando entró por la puerta Scott Reeder, el bajista de Kyuss, ni nos lo podíamos creer. ¿Y venía a visitarnos a nosotros! Pasó la tarde en el estudio, viéndonos grabar. Para mí fue increíble».
En el desierto californiano donde se han expelido tantas volutas del rock fumeta hoy en boga (ella pasa de drogas, ¿eh?), el cuarteto vasco ha registrado el mejor trabajo de Sorkun. Exento de la impostada tensión que lastraba a Kashbad y harto personal al asumir hard rock aindiado en la estela de The Cult y stoner bronco muy superior al de Brant Bjork, el álbum palpita singular en la tormenta del rock desértico.
«Ja, ja, ja... Vale, me gusta, pero no me convence usar la etiqueta de stoner rock porque me parece pretencioso por mi parte. Yo canto igual que siempre. Cada uno tiene sus limitaciones, pero he de reconocer que nos ha quedado un disco un poco ortodoxo en ese sentido. Era y no era nuestra intención. Hay veces que las cosas fluyen y adoptan un sentido mucho más claro del que esperabas».
A pesar de sus palabras, le satisface el resultado. «Estamos muy contentos. Así como otras veces he acabado aburrida después de una grabación, en esta ocasión me apetece escucharlo. Aparte de que me trae muchísimos recuerdos del viaje. Es un buen disco. Sin pretensión y con mucha caña». ¿Y las letras, en euskera? «Esta es la pregunta más difícil. Cambia el pensamiento desde que las escribí. La canción da vueltas. Como la vida». Hoy las canta en Ondárroa (Kafe Antzokia, 22.30 h., 5 E; más Waxy, el grupo de Robbie Owen).






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