
Y eso que hace un mes, el asunto no pintaba tan bien. Al contrario, parecía que los pupilos de Javier Etxebarria iban a sudar la gota gorda para obtener la salvación. No era suficiente con ponerse todos los días el mono de trabajo -más de lo que lo hacen es complicado-, faltaban los resultados. En febrero, sólo lograron dos puntos sobre doce y parecía que los que venían por debajo se acercaba peligrosamente.
Pero hubo reacción. De la buena, cuando el equipo no encontraba el camino del gol. Llegó en marzo con cuatro victorias y un empate -además de su última derrota ante el actualmente intratable Guijuelo-. La clave ha vuelto a residir en su seguridad en la zaga (tres jornadas sin recibir goles) y en su aperturismo en las labores ofensivas, pese a que sus últimos cuatro goles han significado sumar diez puntos.
Curioso porque el conjunto rojinegro se ha caracterizado por ser un bloque que se deja todo en el campo, que rentabiliza sus recursos defensivos para dejar en un segundo plano los fundamentos de ataque. No quiere decir que renuncie a ellos, simplemente que opta por sacar tajada a su eficiencia en la retaguardia para rematar la faena siendo efectivo en el área rival, explotando el contragolpe y las jugadas de estrategia, una de sus principales armas para resquebrajar a las defensas rivales.
A gusto en su campo
A eso y a su fortaleza en Arlonagusia. Un campo maldito para el Logroñés, ya que en sus dos visitas ha caído derrotado -3-0 en la temporada 1977-78 y 2-0 en el pasado ejercicio-. El Lemona reivindica su estilo y su contundencia cuando ejerce de local. Sus números hablan con rigor, ya que en este campo han sumado el 66% de los puntos posibles (30 de 45) y más del 70% de los que llevan en la tabla (30 de 42).
Sus nueve victorias como local las ha gestado en la solvencia defensiva -sólo tres goles recibidos-. Sólo ha perdido tres encuentros, el último en enero. Desde entonces, los hombres de Etxebarria han buscado la regularidad ante los suyos. Lo han conseguido con dos empates y tres victorias consecutivas, las dos últimas por la mínima. Así que el Logroñés debe saber que marcar un gol en Arlonagusia puede valer su peso en oro.





