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Un ladrón en el Guggenheim
Un joven italiano es pillado 'in fraganti' cuando pretendía llevarse unos auriculares de una obra de la muestra 'Art in the USA'

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Un ladrón en el Guggenheim
Un visitante examina unos auriculares similares a los robados en el museo. / MIREYA LÓPEZ
Por amor al arte. Eso debió pensar el joven italiano de 24 años que el pasado miércoles entró al Guggenheim para disfrutar, en compañía de un compatriota, de los tesoros del brillante museo bilbaíno. En principio todo en orden; pagaron sus entradas y lo que pretendía ser una visita cultural acabó en la comisaría de la Ertzaintza. Entraron solos, pero salieron acompañados de una discreta patrulla.

¿Qué pasó dentro?. Pues pasó que a nuestro protagonista le entraron por los ojos unos auriculares antiguos integrados en una de las obras incluidas en la muestra 'Art in the USA', la retrospectiva de arte estadounidense de todas las épocas con la que el Guggenheim Bilbao celebra sus diez años de existencia. El deseo fue tal, que los dichosos cascos terminaron en su mochila.

Al recorrer la sala 105, en la primera planta, el turista italiano se fijó en particular en una de las piezas de Tom Sachs, un obra de 2002 titulada 'Toyan's' y prestada por el propio artista. Se asemeja a la maqueta de un edificio, alta como una persona, pero está hecha a base de pantallas acústicas de varias formas y tamaños montadas en una estructura de madera; en los costados lleva varias parejas de audífonos de los de antes.

La reacción del servicio de vigilancia fue inmediata y en apenas unos minutos se dio la alarma. Un auxiliar de sala se percató del vacío que exhibía la pieza del artista neoyorquino, lo que permitió cerrar la salida del museo de manera preventiva. El siguiente paso fue revisar las grabaciones de las videocámaras que escrutan todos los rincones del edificio de Gehry para dar con el ladrón y su acompañante, quien se limitó a observar la maniobra de su compañero.

El aprendiz de caco se confesó indocumentado ante el personal de seguridad del museo, que en un somero cacheo localizó los cascos en «una especie de macuto»; un bolso de unas «dimensiones permitidas», aclaró el coordinador de seguridad del Guggenheim, Fernando Ordorika. El propio detenido sacó su preciada pieza de la bolsa: «Supongo que lo que buscáis es esto», comentó sin resistirse. El joven fue denunciado y puesto a disposición judicial.

En medios de la dirección del museo se tenía toda la impresión de estar ante una improvisada gamberrada. En los diez años de vida del Guggenheim Bilbao sólo se recuerda otro hecho parecido. Fue en agosto de 2006, cuando un desconocido se llevó un pequeño botón hecho en arcilla de una obra de Alexander Brodski, una pieza de la gran muestra de arte ruso de todos los tiempos presentada aquel verano.

La obra consistía en una mesa de más de 15 metros repleta de objetos cotidianos y representados en arcilla. Entonces se tardó más en descubrir el hurto, aunque ni al propietario ni al propio artista, que había venido a supervisar el montaje de la instalación, les preocupó el incidente debido a la fácil reposición de la pieza robada.
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