
Pese a que las relaciones entre Zapatero y Bush quedaron congeladas tras la retirada española de Irak, el Ejecutivo socialista confiaba en que celebraran una breve entrevista en la capital rumnana. El contacto entre ellos quedó reducido a un saludo de cortesía de tres palabras previo a la cena del jueves - «hola, hola, felicidades», se limitó a decir el máximo responsable de EE UU- y a una fotografía conjunta tomada ayer. La instantánea se realizó después de la tradicional foto de familia y parecía el preludio de la esperada reunión. No en vano, Zapatero se acercó hasta el grupo en el que conversaba el líder republicano, pero finalmente no hablaron. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, restó trascendencia al hecho de que no se produjera el encuentro.
Presencia en Afganistán
En el transcurso de una rueda de prensa celebrada a media tarde, el dirigente socialista descartó que España vaya a enviar más efectivos a Afganistán. «Algunas delegaciones -declaró- han anunciado en la cumbre su disposición a reforzar los dispositivos militares que tienen desplegados en suelo afgano. En lo que concierne a España diré, como digo habitualmente, que nuestras fuerzas allí desplegadas son suficientes, y así van a seguir».
Fuentes francesas, sin embargo, incluían a España entre los aliados que tienen previsto aumentar el número de efectivos en Afganistán, extremo este que el inquilino de La Moncloa rechaza rotundamente.
Los acuerdos de la importante reunión del Consejo Atlántico en Bucarest dibujan un horizonte militarmente más desahogado para Afganistán. Incluso Georgia y Rumania van a desplegar más tropas y Estados Unidos prevé enviar 3.200 marines más. Otras ofertas están aún por concretar.
El presidente español valoró el compromiso de la cumbre por potenciar no sólo las acciones militares en Afganistán, sino también la reconstrucción del país asiático.







