Su partida hacia Marruecos podría producirse en las próximas horas, después de que uno de los jóvenes haya desistido en la petición de asilo que se había comenzado a tramitar el pasado martes. Algo que ha sorprendido a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). «Nadie se embarca en una aventura tan peligrosa, recorre 6.000 kilómetros y luego decide por las buenas volver a su país», aseguró ayer el presidente de la asociación en Euskadi, Javier Galparsoro. Este abogado bilbaíno ha denunciado, además, que en el caso se pueden apreciar algunas actuaciones no sujetas a derecho por parte de las autoridades españolas.
El periplo de los dos polizones arranca el pasado 8 de marzo en el puerto alauí de Safi. Los jóvenes se embarcan de forma clandestina y se ocultan en las bodegas del 'Wilson Mar', una nave de 123 metros de eslora, cargada con fosfato y cuyo destino era la ciudad noruega de Heröya.
Tan sólo unas horas más tarde de partir, la tripulación sorprende a los magrebíes, que quedan bajo la tutela del capitán. Ya en alta mar, una avería en la sala de máquinas pone en jaque a la marinería. Los oficiales deciden recalar en el puerto gallego de La Coruña para proceder a su reparación. La llegada se produce el día 16 del mes pasado. Los jóvenes aprovechan la escala para intentar fugarse. Sin embargo, son sorprendidos y devueltos al barco. Y, según CEAR, no reciben asistencia letrada ni sanitaria, «lo que supone una vulneración clara de sus derechos».
«Buen estado de salud»
Pocos días después, el 'Wilson Mar' leva anclas y emprende rumbo a Noruega con los dos viajeros 'no deseados' a bordo. El buque maltés recala luego en Heröya y en la ciudad belga de Amberes. Finalmente, el pasado 31 de marzo, el barco amarra en Santurtzi sin que los dos jóvenes inmigrantes puedan desembarcar.
En esta ocasión, las autoridades les prestan asistencia sanitaria. Una dotación de la Cruz Roja les realiza un reconocimiento médico. «Su estado de salud es bueno», aseguran desde la Subdelegación del Gobierno. Además, reciben la visita de un abogado de oficio que les informa de sus derechos. Uno de ellos pide iniciar los trámites de asilo, pero ayer se retractó finalmente. El motivo no ha quedado claro, aunque fuentes oficiales barajan que el joven habría renunciado por temor a una negativa. Las denegaciones suelen llevar aparejadas una orden de confinamiento de cuarenta días y su posterior expulsión del país.
CEAR discrepa. «Es extraño que los jóvenes quieran volver, porque podrían ir incluso a la cárcel, ya que los polizones no están bien vistos en Marruecos», advirtió Galparsoro.




: 






