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LUZ HELENA DURÁN, PROFESORA DE INGLÉS COLOMBIANA
«Los tiempos han cambiado mucho desde que vine»
04.04.08 -

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«Los tiempos han cambiado mucho desde que vine»
Luz lamenta la imagen que transmite su país. / BORJA AGUDO
El romance duró unos meses, hasta que él regresó a Euskadi; aunque la relación y el idilio entre ambos no se desvaneció por ello. «Pasamos un año sin vernos, enviándonos cartas de amor. Todos los días recibía una. Fue muy intenso», recuerda. En esos tiempos, lógicamente, no existía Internet y las llamadas internacionales costaban mucho dinero, de modo que la comunicación telefónica se reducía a las «fechas importantes».

Cada uno en un extremo del mundo, y un océano enorme entre los dos. La situación, desde luego, no era halagüeña ni prometía. «Al principio no daba ni un duro porque funcionara la relación», reconoce. Pero se equivocó. «Llegó un punto en el que resolvimos tomar una decisión. O él se iba a Colombia, o yo venía aquí, o lo dejábamos. Eso sí, teníamos claro que así no podíamos seguir».

Decidieron, finalmente, que era Luz quien viajaría. Dejó su país, su familia y sus estudios en la universidad para instalarse en Euskadi, en la casa de los padres de él. «Me costó un poco adaptarme, porque fue un cambio muy fuerte, pero fui muy bien recibida por todos y me sentí muy querida e integrada desde el comienzo. Era otra época... El día que me encontré a un colombiano sentí una gran alegría, porque éramos pocos aquí y la presencia de extranjeros no era habitual».

Tampoco resultaba frecuente que, tras pasar un tiempo aquí, decidiera estudiar en Londres durante tres años y medio. ¿Y el chico? ¿Y la relación? «Continuó durante ese tiempo», dice con una sonrisa. «Nos veíamos a menudo y nos seguíamos escribiendo, pero yo quería estudiar inglés y él tenía su trabajo aquí». Así que se lo tomaron con calma.

La chica decide

Se casaron en Colombia, el país donde todo empezó. «Fue un lío, porque su familia estaba aquí y la mía allí, pero ya sabes cómo funciona... la chica, al final, decide». La risa de Luz Helena es pícara y generosa. Al año siguiente del enlace (1987), empezó a trabajar en una academia como profesora de inglés, hasta que un grupo de docentes del centro se animaron a abrir algo propio. «Nos arriesgamos sin saber cómo nos iba a ir, pero salió muy bien. De eso hace ya quince años».

Tanto tiempo viviendo en Euskadi -«toda una vida», como suele decir- le permitieron asistir a un sinfín de transformaciones sociales relacionadas con la inmigración. «Antes, cuando mencionaba mi nacionalidad, la gente siempre decía '¿qué maravilla!', o '¿qué bueno el café!'. Hoy dices que eres colombiano casi con la boca pequeña. Me duele que sea así, que sólo se cuente lo malo o que haya gente de mi país que ha emigrado y que no cumple con todos los requisitos para una convivencia normal. Eso es triste», relata apenada.

No obstante, Luz huye de los extremos. «No es que hoy exista rechazo; lo que hay es cierta prevención», matiza. Del mismo modo, hace años, antes de que se eliminaran las fronteras en la Comunidad Europea, vivió un par de episodios negativos en Francia. «Mi marido y yo viajamos como turistas y los dos tuvimos problemas para cruzar la frontera. Y después, en París, le pedimos a alguien que nos hiciera una foto y bastó con decirle que éramos una colombiana y un vasco para que nos preguntaran por la cocaína y las bombas».
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