La situación es entonces peliaguda y pone al Ministerio Público en un laberinto. Sin embargo, en la memoria de 2007, la Fiscalía dice que su postura es «bien clara: formular la acusación cuando existe constancia de la comisión del hecho denunciado».
El problema es que la empresa se torna difícil cuando la agresión se produce en la intimidad del hogar, sin testigos, y la víctima se retracta. Por eso, «muchas veces la causa queda abocada a la absolución». Sin embargo, cuando existen pruebas se mantiene la acusación, «aún contra la voluntad de la propia víctima», tanto por la gravedad del delito como por la «convicción de que las retiradas de denuncia vienen dadas por el temor al agresor o por una falsa sensación de que todo puede cambiar».
Las cifras dan fe de la cantidad de casos que se quedan por el camino sin llegar a aplicar correctivo alguno al agresor. Durante 2007 se incoaron 671 procesos por violencia sobre la mujer. La mayoría por maltrato ocasional (180 casos), lesiones (157), maltrato habitual (143), y amenazas (106). Aunque también hubo dos intentos de asesinato, agresiones sexuales y coacciones.
54 hombres a prisión
Pues bien, de esos 671 procesos sólo 232 llegaron al final, es decir, a una sentencia. Eso sí, en la mayoría de los casos (154) fue condenatoria y sólo en 31 se decretó la absolución del supuesto agresor. En 47 casos se llegó a una conformidad entre las partes.
Fruto de todos estos juicios, 54 hombres fueron enviados a prisión por maltratar a sus parejas, y el resto tuvieron que prestar trabajos en beneficio de la comunidad. Además, claro, de las pertinentes órdenes de alejamiento y de protección, que sumaron más de 300 durante 2007.
En la mayor parte de los casos que llevó la Fiscalía el agresor era su ex pareja de hecho o su actual compañero. En menor medida, los acusados eran cónyuges y novios.





