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Cultura

A PROPÓSITO
7 minutos
05.04.08 -

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La noticia habrá sido para millones un respiro comparable a la intensidad de un orgasmo. Siete minutos es un máximo notable, justo y necesario y 'deseable' de lo que debe durar un coito. Así lo pontifica científicamente un sesudo estudio médico. Por fin, han puesto el acto sexual en hora, se ha medido lo que dura el 'polvo perfecto' con minutero que marca la duración de un satisfactorio revolcón, placenteramente suficiente. El público en general, determinan los estudiosos, está muy equivocado; la gente da en creer que lo mejor es que 'la caidita de Roma' sea lenta, que se ralentice en un espacio donde no cuentan los segundos, que vaya poco a poco como fueron invadiendo los bárbaros del norte el Imperio Romano; que no importe el reloj; que lo importante es prolongar los momentos en que sobran las palabras, sobran los calzoncillos y sobran las bragas y pasamos a la acción.

La cuestión es que expertos canadienses y norteamericanos llevaron a cabo una larga y exhaustiva investigación para concluir que siete minutos no es que sea lo ideal entre prisas y pausas en la cama pues siete minutos, aunque parezcan siete suspiros de nada, resultan ser una media 'satisfactoria' de la 'latencia eyaculatoria'. El 'late, late' carnal y erótico al que se dedicaron a evaluar los científicos no cuenta los prolegómenos, ni la seducción, ni la puesta a punto de los engranajes sexuales. Los expertos midieron el porcentaje medio de lo que se tarda entre penetración y eyaculación, sin contabilizar las lánguidas pautas antes del clímax, ni los dulces tiempos muertos de placer latente.

Analizaron a aquellos para los que el sexo es lánguida monotonía, a los otros para los que hacer el amor es tal que decía Jardiel Poncela, una «comedia de un solo acto: el sexual». También a otros que persiguen la parsimonia genital de un Nacho Vidal en monótona y dilatada 'latencia eyaculatoria' lo que inclina a pensar ilusoriamente que la coyunda puede estirarse como un chicle. Los datos objetivos no mienten y los buenos ratos duran lo que duran, por eso han creído necesario cronometrar el 'salto del tigre'. Y fijar una medida de tiempo para el pasatiempo más atemporal de todos los tiempos.
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