Ayer, en el Parlamento vasco, todos los grupos apoyaron una proposición del PP para que el Tribunal de Cuentas fiscalice las obras del polideportivo y el parking de La Peña, el proyecto más cuestionado del Instituto Municipal de Deportes de Bilbao. Como saben, la construcción de esas instalaciones vino a ser como una de esas reformas caseras que comienzan con el cambio de un enchufe y van complicándose hasta que hay cinco cuadrillas de obreros cubriéndonos de mármol la fachada de la casa.
El proyecto del IMD registró diez ampliaciones de presupuesto y su coste final fue un 18% más caro de lo previsto en un principio. Curiosamente, la obra ni siquiera quedó del todo bien, ya que el polideportivo presenta una asombrosa propensión a los reventones, los resquebrajamientos y las filtraciones.
La propuesta del PP en el Parlamento tenía algo de guante que vuela en un desafío. El PNV no tenía más remedio que recogerla de la manera más airosa posible. Se encargó Javier Carro, quien aceptó el envite y dejó caer que en el consejo de dirección del IMD están representados todos los partidos que participaban en el pleno. Los socios del PNV en el Ayuntamiento también optaron por el sí con apostilla. «Apoyamos esta petición», dijo Oskar Matute, «teniendo muy claro que la actuación ha sido correcta».
La transparencia en el manejo de los fondos públicos es fundamental en una democracia avanzada. Gracias a Plutarco, sabemos que la célebre frase sobre la mujer del César no fue más que una jugada de Julio César para divorciarse de Pompeya. En realidad, la mujer del César puede hacer lo que le venga en gana. Los únicos que tienen que ser y parecer honrados son el propio César y su equipo de gobierno, que al final son quienes tienen acceso a la caja donde está el dinero de los ciudadanos.




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