
Esta incidencia temporal en el abastecimiento obedece a la necesidad de renovar la tubería principal y de vaciar el depósito de Elejabarri por primera vez en 80 años. Los afectados se cifran en 150.000 personas, que se concentran en la margen izquierda de la capital: entre Rekalde, Abando, Basurto, parte de Deusto y Uribarri. Barrios que acogen hogares, negocios y centros asistenciales, a quienes el recorte supone «un trastorno».
En previsión de que el agua llegue al grifo en un incómodo goteo, residentes y trabajadores hacen acopio estos días de garrafas y botellas, y llenan depósitos y bidones para que la del domingo sea, dentro de lo excepcional, una jornada no muy complicada. Claro que una circunstancia así no afecta por igual a todos. Allá donde más gente hay, mayor será el problema.
Los responsables de la residencia de ancianos Rodríguez de Andoín de Rekalde se temen que el trastorno será «grande». «Si lo es para un hogar, imagínate para una casa de 40 personas como ésta. No ducharemos a los mayores, pero les asearemos. En el Consorcio nos han asegurado que no se va a quitar el agua del todo pero, por si acaso, hemos cogido botellas y llenado baldes», comentaban ayer. Aunque esta gestión del agua depende del Ayuntamiento, toda llamada de prevención parece poca.
Los hoteles ubicados en el área de influencia de las obras harán uso de sus depósitos para garantizar que los huéspedes puedan llenar el lavabo y la bañera. «Aunque baje la presión tenemos unas bombas que impulsan el agua hasta las habitaciones, así que no va a haber problema», confían en el hotel Indautxu. Tampoco en el Ercilla están preocupados. «Los aljibes solucionan el problema, como otras veces».
Café de puchero
Otros afectados serán restaurantes y bares de la zona, que se han adelantado a los probables inconvenientes de un suministro deficiente y ya tienen solución para casi todo: vasos de plástico si no hay agua para lavar los de cristal y «café hecho a la vieja usanza, con puchero, si no se puede servir de la máquina», desvelan en el restaurante Echaniz y en la cafetería del hotel Indautxu. Pero no las tienen todas consigo. «Estamos un poco a ciegas y eso preocupa un poco. Hemos cerrado reservas para comidas pero advirtiendo a los clientes de la situación. Si no podemos, tendremos que cerrar», avisan en el restaurante Loroño.
Pero los más afectados serán los vecinos, que se apañarán como puedan. En el número 36 de la calle Gordóniz «estará todo el follón de las obras», así que María Abad, una de las residentes, ya ha hecho acopio de agua -«he comprado cinco litros en botellas y un bidón»-. Quedó escarmentada tras el reventón de una tubería que el pasado mes de noviembre dejó sin agua durante casi tres horas al barrio de Rekalde. «Sin agua se pasa mal. A ver si los plazos que ha dado el Ayuntamiento para que acaben las obras se cumplen porque tenemos unas ganas...». En la cercana alameda Recalde vive Pedro Abando. Para mañana dejará llenos los dos bidones que compró «cuando la sequía de los años 90». La lavadora y el fregado «habrá que dejarlos para el día siguiente», se teme .
Y los que no tienen depósitos en casa, no les queda otra que acarrear botellas. Conscientes de que un corte de la envergadura del de mañana puede causar cierta alerta, los supermercados han llenado el almacén de agua para atender una demanda que ayer «aún no era exagerada» pero que «se dejará notar más» hoy. Por si acaso, se han prevenido al pedir el doble de agua.





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