Pero ahí no acaba todo. A Pablo, un apasionado confeso de la heráldica, siempre le fascinó indagar en el origen de las diferentes estirpes. Tal es su afición, que tiene coleccionados más de mil recortes de diferentes escudos familiares. Así que no es de extrañar su sorpresa cuando, al aterrizar en el país norteamericano, se percató de que sus habitantes tenían apellidos oriundos de su tierra. «Por ejemplo, los supermercados más tradicionales se llaman 'Bodega Aurrera'», detalla. Y también le llamó la atención la enorme variedad. «Hay apellidos vascos que en Vitoria no saben ni que existen», revela. Increíble pero cierto.





