
EL PERSONAJE
Tente cumplió las bodas de oro -de los 11 a los 61 años- entre andamios y terrenos embarrados. Primero, en el entorno de su localidad natal de Valladolid y luego, ya con treinta años, en Vitoria. La capital alavesa le acogió una década hasta que se trasladó con su mujer, Rosario, a Cerio. Un paisaje campestre que siente la ciudad a ojo vista.
«Vine a Vitoria por mediación de un chico que había trabajado conmigo de peón en el pueblo. Me dijo que aquí había trabajo y era verdad, lo había a punta pala. Entonces, si no te convencía la paga del patrón te podías ir a cualquier sitio. Ahora la construcción está así -pulgar hacia abajo del circo romano-, todo está edificado. Y no dejes el trabajo porque no encuentras otro».
Tente no recuerda su etapa de albañil con nostalgia, más bien lo hace con el resquemor de haber cometido un error laboral. «Si hay pensiones bajas esas están en la construcción. Se ganaba dinero, pero a costa de darte palizas. Tenía que haberme metido en una fábrica», se lamenta al enumerar las grandes factorías que tiraron como locomotoras de la capital alavesa en los años sesenta.
Casas bajas de Abetxuko
El habitante de la casona número 1 de Cerio recuerda perfectamente su primera ocupación en Vitoria, las casas bajas de Abetxuko. Y la última, una traída de aguas con la empresa Onaindia de Leza a Oion. «Fue un invierno muy duro, ya tenía 61 años y le dije a mi mujer 'este es el último que trabajo'». Y así fue. Estrenó una prejubilación de la que ya le distancian diecinueve años.
Tente tiene especial interés en que se reflejen sus tres aficiones fundamentales: el motociclismo, sobre todo, la caza y los toros. Es uno de los escasos abonados a la plaza -«la nueva es una maravilla, la vieja estaba hecha a macetazos»- con veinticincos años de antigüedad, seguidor de El Fandi y El Cordobés. Del primero destaca que «poniendo banderillas hace del toro un muñeco» y del segundo, la humildad y lo bien que le cae. Añade una nota de ortodoxia al incluir entre sus matadores a Enrique Ponce, un diestro de época. «¿Ya has apuntado que tengo una Gucci y dos Derbis?» Anotado está, como también que sigue el Mundial de moto GP con la pasión de los jóvenes.
A esos divertimentos sumó hace «ocho o nueve años» la actividad por la que Las Cuatro Torres, asociación a la que pertenece, le distingue cada año con un trofeo. El Tente que vivió como obrero de la construcción a gran escala construye ahora en dimensiones pequeñas. Trabaja la madera con detalle para presentar miniaturas muy logradas. «Me dije ' a ver si saco la iglesia de Cerio'. Me puse y tardé ocho meses. Si no es por mi mujer lo dejo porque llegué a agobiarme». Eso sí, al terminarla se sintió «más a gusto que la h... Hay piezas como el recorte de una uña».
Después se lió a reproducir el chalé enfrente de su casa, un edificio imponente cuya maqueta actúa como reclamo en el escaparate vitoriano de la constructora. Tente muestra el oscuro taller ubicado en el establo, donde se entretiene a la luz de una bombilla entre sierras, cepillos eléctricos, la rotaflex y los tornillos. La madera, los paseos matinales hasta Estíbaliz y los nietos le rellenan el tiempo. ¿Qué tal de abuelo? «Encantado. Esos sí que son juguetes». El de siete años y el de diez meses que acuden cada domingo a Cerio para comer en la casa de labranza. En los dominios de Tente.





