
-Los vecinos se quejan de que en Vitoria hay calles recién reformadas que ya tienen baldosas levantadas. ¿Tienen razón o son demasiado exigentes?
-Como dicen los comerciantes, el cliente siempre tiene la razón. Es verdad que algunas calles no se terminan correctamente porque no se han ejecutado bien. Esa es una labor pendiente del Ayuntamiento. Por eso vamos a aplicar una serie de medidas. El enfado o la sorpresa que muchos peatones tienen se va a solventar.
-¿Puede concretar más?
-Hay constumbres que deben cambiar. Tenemos que exigir a las empresas que hagan bien las obras. A partir de ya, desde la próxima contratación de una reforma en la vía pública que hagamos en Vitoria, habrá un incremento de las penalizaciones por retrasos. Y luego hay que reforzar la labor de inspección de obras del Ayuntamiento. Vamos a contratar a una persona más.
-¿Cómo califica las multas actuales?
-Mínimas, salvo algunas excepciones. Había retrasos importantes y las penalizaciones eran muy bajas. No queremos conflictos con el sector, pero se acabaron las multas ridículas. Algunas firmas habían perdido el respeto a la institución y a la ciudad, pero ahora les va a salir caro. Las obras trastocan la vida de vecinos, de los comerciantes y de los hosteleros. No pueden prometernos que acaban en seis meses si al final resulta que terminan en ocho.
-¿En qué grado aumentarán las sanciones?
-Vamos a aplicar la nueva Ley de Contratos, que acaba de entrar en vigor. Se van a tener en cuenta dos factores, si la obra afecta más o menos a la vida cotidiana y la duración de la misma. A más molestias, más cuantía.
-Usted nunca ha tenido pelos en la lengua. ¿A qué calles reformadas les pone un suspenso?
-Para mí, Reyes de Navarra es una chapuza integral. Es el ejemplo de lo que no hay que hacer. Hubo retrasos enormes y ha sido un desastre. Se han levantado baldosas en los itinerarios de invidentes y el suelo de rejilla sobre el que aparcan los coches ni tiene hierba, y encima la gente se tropieza. No vamos a levantarlo todo porque los vecinos ya están hartos, pero hemos avisado a las brigadas de acción inmediata (BAI) para que reparen la zona.
-Así que al final la reparación la pagarán todos los vitorianos, ya que las BAI son un servicio municipal.
-Claro, pero es que el plazo de garantía de las obras suele ser de un año. Y ya ha pasado...
-Vamos que...
-Que hay que estar encima de las obras. Que no podemos pasar ni una. Yo he dado orden a los técnicos para que miren todas los defectos que aparecieron en un reciente artículo de su periódico. Si están en plazo de garantía, se va a ordenar su arreglo a las constructoras. Si no, irán las BAI.
-Algunas empresas reconocen que ajustan los plazos y prometen acabar antes que sus competidoras para puntuar más en los concursos. Es decir, que muchas veces los operarios trabajan a un ritmo desmesurado y no llegan a tiempo. ¿Es partidaria de modificar el sistema de adjudicación?
-No, no. Esto es muy sencillo. Si las empresas quieren rebajar el plazo de ejecución, que lo hagan... (eleva el tono) pero que sepan que la multa será importante. Ya no les va a salir gratis. Si usted me dice cinco meses, son cinco. Yo contrato por ese tiempo, si no cumple tendrá que pagar, y tendrá una sanción que ya no será como las de antes. Así de claro.
Mantener las calles
-Ha reservado 7,6 millones para que las BAI puedan hacer reparaciones urgentes en las calles durante los próximos cuatro años. Anunció un refuerzo de las brigadas de acción inmediata. ¿Ya tiene definido su diseño?
-Sí. El futuro de Vitoria pasa por el mantenimiento de las calles, y hay que tener en cuenta el espectacular crecimiento de la ciudad. A partir de ahora habrá tres tipos de BAI. Una será la general, que tendrá 1,9 millones al año y que en lugar de llegar a seis zonas abarcará ocho, porque se incluyen Salburua y Zabalgana. Y además habrá dos nuevas brigadas. Una específica de parques infantiles, que tendrá asignados 200.000 euros este año, y otra de iluminación, que tendrá 300.000 euros.
-¿Para arreglar farolas?
-Sí, la gente se queja de que algunas se apagan. Vamos a hacer un inventario de todas las farolas de la ciudad; acabamos de contratarlo. Haremos una base de datos para controlar toda la iluminación pública desde un ordenador.
-La reforma de Sancho el Sabio ha generado polémica. Usted dijo que no estaba prevista «a corto plazo». Los vecinos, cansados de soportar las obras del tranvía, criticaron que no se hiciera este año. Al final el alcalde aceptó impulsar el proyecto. ¿Se sintió desautorizada?
-No, en absoluto. Yo dije que íbamos a trabajar en la obra y que se iba a hacer, sin dar fechas. La verdad es que no queremos hacer una reparación corrientita en Sancho el Sabio. ¿Por qué? Pues porque va a ser el primer eslabón del gran eje comercial llamado 'proyecto alhóndiga'. Queremos convertir esa vía en un gran itinerario peatonal lleno de vida, de manera que esa arteria no puede sufrir una reforma al uso. Eso es mejor que hacer un parcheo a corto plazo. Y el alcalde dijo después que este año estará hecho el proyecto y que se iniciará el proceso de contratación.
-De todas formas, esa reforma se hará «si hay dinero». Usted es concejala de Hacienda, así que podrá dar alguna pista...
-El presupuesto entró en vigor el 14 de febrero. No podemos hacer previsiones ahora, es pronto.
-¿Cómo será Sancho el Sabio tras las obras?
-Esa calle va a sufrir una reforma única, fuera de lo común. Habrá un pavimento, un mobiliario urbano y una iluminación que serán especiales. El proyecto está en marcha, y en él van a participar los vecinos y los comerciantes.
-¿Qué siente cuando ve bolsas de basura tiradas por las calles porque hay vecinos que se niegan a utilizar los contenedores y los buzones de la recogida neumática?
-Pues que es lamentable que haya gente que tenga tan poca conciencia cívica. No sólo por los que dejan bolsas junto a los contenedores, sino también por los que tiran basura a los estanques. Que vamos a limpiar, por cierto.
-Los ataques a las rampas mecánicas son un quebradero de cabeza para el Ayuntamiento desde su inauguración. ¿Cree que pueden evitarse?
-Es complicado. ¿Vamos a pagar del erario público la contratación de vigilantes privados para frenar a estas personas que sólo utilizan las rampas para llamar la atención? No. Exijo tolerancia cero a todos los vitorianos, una rebelión cívica. Que cuando vean a algún gamberro pintando los cristales avisen a la Policía Local o que se atrevan a llamarle la atención.
i.cueto@diario-elcorreo.com





