
CÓMO LLEGAR
«El último refugio»
«Esto es como un castillo, como el último refugio donde se esconden la fauna y la flora cercadas por la acción humana, carreteras, cultivos, vías de tren, casas, vertidos, abonos. Y se ha producido un milagro», sostiene Gorka Belamendia, ingeniero forestal y técnico del Centro de Estudios Ambientales del Ayuntamiento de Vitoria y uno de los muchos especialistas que han estudido la biodiversidad de este lugar.
El entusiasmo de Belamendia y de todos los que conocen este enigmático paraje está justificado. Hace 144 años, cuando el Estado construyó la línea de ferrocarril Madrid-Irún, utilizó estas fincas para extraer áridos, grava -piedras pequeñas que sirven para levantar la plataforma de la vía- y arena. Aquel agujero, además de ser utilizado como vertedero durante mucho tiempo, se llenó de agua con las lluvias. Ese fue el comienzo de una sorprendente historia.
La colonización de la vegetación es inmediata. Primero, llegan las plantas oportunistas como la enea, el junco o las comunidades ruderales, más conocidas como malas hierbas. Luego, los sauces, los fresnos y los arbustos como el cornejo, el espino albar, el endrino o el escaramujo. Al mismo tiempo, las lagunas son ocupadas por invertebrados acuáticos, que, a su vez, sirven de alimento a las aves a medida que la vegetación va cubriendo las orillas aparecen nuevas especies. El milagro es un hecho.
Desescombro
Hace varios años, el servicio de Biodiversidad de la Diputación alavesa se dio cuenta de los valores ecológicos que hay en Laku. Su responsable, Elena Vilches, encargó varios trabajos a los expertos botánicos y zoólogos para hacer un catálogo de especies y evaluar el estado ambiental. Una de las primeras medidas fue precisamente limpiar de escombros el humedal. Se sacaron toneladas y toneladas de basura.
«A medida que estudiamos más el lugar, la lista de especies aumenta. Parece mentira que en un lugar tan pequeño pueda haber tanta biodiversidad.Es llamativo que lugares artificiales como estas graveras sean tan valiosos desde el punto de vista científico, naturalístico, ambiental y ecológico. Es un buen ejemplo de que en un espacio natural por pequeño y despreciable que pueda parecer en una primera impresión, siempre hay muchísimo más de lo que se ve a simple vista», comentan los biólogos Patxi Heras y Marta Infante, especialistas en musgos y uno de los equipos que más ha estudiado la antigua gravera.
Siete orquídeas
Laku es la única localidad vasca y una de las poquísimas ibéricas para varias especies de insectos. Hay 7 orquídeas entre las que destaca por su belleza y su pecularidad -propia de trampales- la Dactylorhiza elata. Pero la más interesantes es la Spirantes aestivalis, una flor protegida em toda Europa y en el País Vasco, propia de ciénagas y ambientes pantanosos. Aquí está la sexta localización en la Comunidad Autónoma y la más numerosa con 60 ejemplares localizados en un espacio muy reducido.
También el pequeño humedal de Cerio nos da lecciones. Mucho más pequeño que Gaceo, ha tenido la misma evolución, aunque aquí todavía Renfe tiene material de vías. «La reorganización de la agricultura con la concentración parcelaria ha hecho desaparecer los setos utilizados por la fauna para refugiarse y estos pequeños espacios son lo único que les queda. Aquí aflora el acuífero cuaternario de la Llanada que está debajo de Vitoria. Si no hubiera agua, esto sería un socavón», comenta Gorka Belamendia. Al divulgador le llama la atención que en el imaginario colectivo se conozcan animales como el tigre o el león que viven en las selvas africanas y que casi nadie tenga idea del visón europeo que anda por estos humedales y que debemos proteger a toda costa. «Se conoce lo lejano que no nos incumbe directamente, pero se desconoce la biodiversidad de un pequeño sitio como este
Muy cerca también de las vías del tren hay otro tesoro, el bosque isla de Maumea, otra joya natural que también debe ser protegida. En una poa emerge un frigorífico. Mucha gente cree que estos rincones son todavía un vertedero y sigue echando basura. Y, sin embargo, la vida natural sorprende. Es el caso de los reptiles. En ningún otro sitio se pueden ver convivir a la vibora áspid y a la Seoane, de climas distintos. Otra rareza de Álava.





