
Si este escenario sólo le afecta a usted, la cuestión es seria en el terreno particular, pero intrascendente en términos globales. Cinco menús menos en un restaurante no amenazan el futuro de la industria cervecera nacional y un turismo menos tampoco desatará la quiebra de concesionario alguno. Sin embargo, si un sentimiento similar afecta a 40 millones de españoles o a 250 millones de europeos, la cuestión es realmente trascendente, porque el consumo se contraerá de forma significativa y se desatará una crisis en cadena. En esas estamos, después de que el pasado verano sonasen los primeros signos de alarma en Estados Unidos.
LOS ORÍGENES
Crisis de confianza financiera
El descubrimiento de que muchos bancos norteamericanos habían prestado dinero para la compra de viviendas a clientes de dudosa solvencia y que habían extendido el virus por medio mundo vendiendo participaciones en esos créditos, desató el pasado verano una crisis que aún no se ha superado. «Estamos en medio de una crisis de confianza del sistema financiero -opina Juan Iranzo, responsable del Instituto de Estudio Económicos- que no se arregla con inyecciones de liquidez como las que ha hecho la Reserva Federal y que está llena de incertidumbres. Así se puede resolver el problema de la liquidez, pero no el de solvencia». Nadie se fía de nadie.
Hay demasiadas incertidumbres sobre la mesa, porque a los problemas del sistema financiero se han unido la escalada de los precios del petróleo o, en el caso de España, el agotamiento del sector de la construcción residencial. «Nadie es capaz de predecir en estos momentos cuál es la profundidad real del problema de los créditos 'subprime' -reconoce Roberto Velasco, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco- e incluso Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal, ya ha dicho que quizá sean necesarios dos años para conocer el alcance».
Existe, en opinión de Iranzo, un efecto pernicioso en las medidas de inyección de liquidez de los bancos centrales, y es que pueden «alentar un comportamiento irresponsable por parte del mercado financiero, en especial en el futuro, ante la seguridad de que en caso de crisis siempre habrá alguien que acuda en su apoyo». Pero, concluye, «en este caso las autoridades monetarias han considerado que era prioritario tratar de evitar una crisis sistemática, a causa de la pérdida de confianza. Y ésta no se resolverá hasta que se conozca el daño real sufrido en las entidades financieras».
LAS PREVISIONES
En permanente revisión
Si en verano y a finales del pasado año se hablaba de «aterrizaje suave» de la economía, el paso del tiempo ha provocado una permanente revisión, a la baja, de todas las estimaciones. «Del aterrizaje suave hay que olvidarse -opina Velasco- y hay que prepararse para comernos una buena ración de tierra. El descenso de confianza de los consumidores, unido a la crisis financiera y al rebrote de la inflación y de los precios de las materias primas supone un mal panorama. A la gente no le gusta escuchar malas noticias, pero esto es lo que hay».
Hace tan sólo unos días, el banco de España o el panel de expertos que elabora un análisis de coyuntura para la fundación Funcas rebajaron de forma considerable las estimaciones de crecimiento de la economía española. Si el pasado mes de octubre el Gobierno estimaba que crecería el 3,3% este año, ambos informes sitúan la tasa de evolución del PIB para 2008 en torno al 2,4% y alrededor del 2,1% en 2009.
«Yo soy algo más pesimista -advierte Iranzo- y creo que en el último trimestre de este año el crecimiento de la economía española se situará ya por debajo del 2%. Eso significa que habrá destrucción neta de empleo».
VUELVE EL FANTASMA DEL PARO
La locomotora se para
Las estimaciones de crecimiento son, entre otras cosas, el termómetro para valorar si habrá más o menos gente trabajando a finales de año y, en consecuencia, si el mercado laboral será lo suficientemente dinámico como para absorber las nuevas incorporaciones. Todo parece indicar que no, y las previsiones apuntan a un aumento de la tasa de desempleo. Si en la actualidad de cada 100 personas que trabajan o están en disposición de hacerlo 8,2 están en paro, el próximo mes de diciembre esa tasa se situará en torno al 8,8%.
«Una de las características de la economía española es que cuando crece -señala Roberto Velasco-, el empleo evoluciona de forma positiva con mucha velocidad. Pero también sucede lo mismo cuando las cosas comienzan a no ir tan bien. En este caso es una consecuencia del elevado número de contratos temporales que existen, que es uno de los primeros resortes de ajuste de las empresas».
El catedrático de la Universidad del País Vasco no comparte la tesis de que cuando vengan realmente mal dadas la población inmigrante será la más afectada, a pesar de que en el corto plazo hayan comenzado a experimentar la pérdida de puestos de trabajo en el sector de la construcción. «Creo -dice Velasco- que sucederá justo al revés. Son los que van a resistir mejor el problema del desempleo, porque también son los que están dispuestos a aceptar los salarios más bajos».
EL CONSUMO
Cuestión de confianza
El considerable aumento experimentado por los tipos de interés ha hecho que las familias -la deuda de las familias españolas asciende a 900.000 millones de euros-, tengan menos dinero disponible para otros menesteres, al tiempo que la espiral de desconfianza ha comenzado a imponerse y a animar las restricciones en el gasto. Hacienda ya ha reconocido que los ingresos fiscales de enero -los pagos al fisco son trimestrales y los del primer mes del año son un reflejo de lo que ha sucedido en la economía en el último trimestre del ejercicio anterior- registran un recorte del 8,2% en el caso del IVA, muy ligado al consumo. Todo parece indicar que cuando se conozcan los datos de abril -en los que se podrá apreciar lo que ha sucedido en el primer trimestre- la tendencia a la baja se consolidará. El dato de venta de vehículos durante enero, febrero y marzo, con un descenso del 15,3% en comparación con el mismo periodo de 2007, es un claro síntoma de que los españoles han comenzado a cerrar las cremalleras de los bolsillos.
La inversión empresarial sigue parámetros similares. Si bien la industria parece librarse de momento de los efectos negativos de la crisis, también lo es que la mayor parte de las empresas han puesto en el 'congelador' sus nuevos proyectos de inversión. En parte, porque no hay seguridad sobre el futuro; y en parte también porque la banca es reacia a conceder financiación.
LAS RECETAS
¿Y ahora qué?
El proceso electoral que ha vivido España, probablemente, es la razón fundamental a la que hay que achacar una aparente displicencia en el Gobierno a la hora de adoptar medidas que contribuyan a combatir esa falta de confianza en el futuro y también a 'parchear' algunas de sus consecuencias.
Iranzo cree que los anuncios de rebajas fiscales que ha realizado el PSOE en la campaña electoral «son buenos, porque pueden contribuir a animar algo el consumo», si bien discrepa de otras medidas «de subsidio» y advierte de los peligros de poner en marcha la maquinaria de gasto del Estado. «El nuevo Gobierno -dice- no debe caer en la tentación de seguir incrementando el gasto público y de practicar el intervencionismo en la actividad económica». Cree, además, que es imprescindible poner el foco de atención en la mejora de la competitividad.
Por el contrario, el profesor Velasco es partidario de que el «Gobierno resucite a Keynes», de que adelante la licitación pública y refuerce la inversión en infraestructuras. «Tenemos -recuerda- un colchón de superávit en las cuentas públicas e incluso tampoco pasa nada porque en los tiempos de vacas flacas se alcance hasta un 3% de déficit público».







