
-Dada la hora que es, le rogaría que no se me ponga escatológico. ¿Podrá?
-No tengo necesidad. Además, eso está ya muy manido.
-¿Qué ha pensado esta mañana nada más abrir el ojo?
-He dado gracias a Dios por darme un día más, y he rezado un padrenuestro y una salve.
-¿Qué ha desayunado?
-Pues, mire, cinco galletas integrales con mermelada de manzana, dulce de membrillo y mantequilla de soja, un bocadillo integral de atún y anchoítas del Norte en aceite de oliva con mayonesa que hacemos en casa con leche de arroz y....
-¿Puaj, qué batiburrillo!
-Sí, sí, sí. Y un zumo con cuatro zanahorias, una remolacha y una manzana. Y, luego, cuatro perlas de vitamina E, tres cápsulas de levadura de cerveza y otra para eliminar los metales pesados de la operación.
-¿Para qué más es alternativo?
-Para comprender a las mujeres. Dicen que soy un hombre con alma de mujer porque pienso como ellas, tengo su sensibilidad. Pero no soy gay. Llevo 34 años con mi mujer.
-Me pregunto cómo era el niño que corría por Arguedas...
-Lo peor de lo peor. Ni se imagina. A las chicas les hacía mil diabluras. Era muy puñetero, pero todas me querían. Fíjese, yo vivía a las afueras y a veces esperaba a que salieran del rosario y pasaran por mi camino, ya de noche. Entonces, cogía una calabaza, la vaciaba, me la ponía en la cabeza con una vela encima, me desnudaba y salía a su paso.
-Glups. ¿Daba ya conferencias a sus amigos o no tenía amigos?
-Je, je. Siempre he sido un charlatán. Cuando se hacía una obra de teatro me buscaban a mí. Era el perejil de todas las salsas.
-¿Aprendió allí a hipnotizar gallinas?
-No, eso lo aprendí cuando estudiaba acupuntura. Verá, yo siempre quise ser médico, pero mi padre murió cuando tenía 16. Era el pequeño de diez hermanos y tuve que ponerme a trabajar de tornero. Por las tardes iba a los Salesianos a estudiar delineante proyectista. Luego estudié Medicina por mi cuenta, como oyente, hasta que me fui a Estella a estudiar iridología, osteopatía, homeopatía, acupuntura...
-Ya pero, ¿de qué sirve hipnotizar gallinas?
-En acupuntura, los chinos sostienen que si estás deprimido, coges una gallina, la miras de frente con la intención de pasarle esa energía perversa. Ella intenta absorberla y, como es negativa, se duerme.
-«La alimentación influye en que una persona sea racista o fascista», proclama. ¿Qué 'istas' le definen a usted?
-Creo que soy un gilipollista. Mi mujer siempre me lo dice, que tengo que tener más malicia.
-Va por la sexta edición de 'Un cuerpo para toda la vida', una antología de 400 páginas de todos sus remedios. ¿Con este recopilatorio se va a financiar su vuelta al mundo número 53?
-La verdad es que me han pagado muy bien, pero lo que voy a hacer es sacar un libro sobre la belleza y otro sobre algas.
-Esas son muchas vueltas. ¿No se marea?
-No. Y no son estrictamente 53 vueltas al mundo. Es la equivalencia de mis viajes a Australia, Japón, Brasil...
Rasputín y Sanz
-Groso modo, ¿cuánta pasta calcula que le han procurado los remedios de su abuela?
-Es tan groso... Muchísima, pero ya ve que no tengo síntomas de ostentación. Vivo en un adosado, conduzco un Audi y gran parte del dinero que he ganado, como un millón y medio de euros, han ido a parar a Meninos de Rua, una ONG de Brasil de ayuda a niños abandonados.
-Verá, esta manaña he llamado a un puñado de amigos, un médico, un cocinero y un detective privado. Y les he preguntado por usted. El primero me ha dicho que es un peligro público.
-Sobre todo para ellos, ¿les quito trabajo!
-Para el segundo, es un friki cualquiera.
-Un friki dura lo que un caramelo a la salida de un colegio. Txumari lleva ahí quince años.
-Aunque no tiene pruebas, el olfato de sabueso del tercero le dice que es usted un mero estafador.
-¿Ja, ja! ¿Dios mío! Lo respeto, pero hoy en día los estafadores están donde deben, en la cárcel.
-La espuela. Si Miguel Sanz se lo pidiera, ¿sería su Rasputín?
-... (Suspira) ...Yo matizaría. Si eso sirviera para que la gente fuera más feliz, sí.







