
En el caso del país africano, se ha cumplido esta norma e, incluso, con un adicional apoyo eclesiástico. El longevo gobernante se encuentra respaldado por el fuerte aparato político y militar, un conglomerado que se ha beneficiado del control de la Administración, la explotación minera, principalmente cromo y amianto, y la adjudicación discrecional de las grandes propiedades agrícolas expropiadas a los blancos. La estructura piramidal descansa sobre un sistema clientelista social y económico, que vincula trabajo y víveres, a menudo sustraídos al Programa Mundial de Alimentos, con la fidelidad al partido Zanu.
Varias decenas de estos personajes aparecen en una lista de personas no gratas, a las que se les ha denegado la entrada a EE UU y la UE. Si la segunda vuelta electoral confirma la derrota de Mugabe y se produce su exilio, el problema para su sucesor radicará en enfrentarse a una crisis colosal y responder a los retos de una historia reciente, salpicada por violaciones masivas de los derechos humanos.
Sin duda, Didymus Mutasa se apresurará a reservar un asiento en el mismo vuelo que conduzca al exilio al dictador. El ministro de Seguridad Nacional es el culpable de la represión a cargo del CIO, los todopoderosos servicios secretos. Entre sus mayores maniobras, se encuentra la 'Operación Murambatsvina', que acabó con las viviendas de 700.000 habitantes de los suburbios de la capital para erradicar el chabolismo.
Retórica populista
Los jerarcas del partido Zanu, posiblemente, también requerirían una plaza en el avión de Mugabe. Los antiguos guerrilleros se convirtieron en altos funcionarios que comparten la ideología revolucionaria, panafricana y no alineada, una retórica populista ya agotada. En cualquier caso, dirigentes como los vicepresidentes Joseph Msika y Joyce Mujuru pueden estar entre aquellos a los que se les reclamen la autoría en delitos contra el Estado.
No son los únicos con miedo. También Perence Shiri, primo de Mugabe, debería temer represalias. Comandante de las Fuerzas Aéreas, fue responsable de la Quinta Brigada, un cuerpo militar que aterrorizó a la región de Matabeleland durante los ochenta. Entre 10.000 y 30.000 personas de la minoritaria etnia ndebele fueron asesinadas.
El Ejército se ha convertido en un poder en sí mismo e, incluso, ha expresado públicamente su negativa a aceptar un Gobierno a cargo de Morgan Tsvangirai, el líder de la oposición. El comandante general Constantine Chiwenga es el representante del sector más duro y opuesto a los cambios, pero existen discrepancias, tal y como pudo comprobarse gracias a un fallido complot militar descubierto el pasado año. De hecho, algunos especialistas sospechan que detrás del candidato independiente Simba Makoni están mandos que preveían el derrumbe del oficialismo y han pretendido buscar su relevo.
Pero la implicación más sorprendente corresponde a Nolbert Kunonga, antiguo arzobispo anglicano de Harare. Fue acusado de haber llegado al poder gracias a los servicios secretos e impulsar la represión política dentro de su congregación, lo que llevó a huir del país a la mitad de sus sacerdotes. Frente a esta postura destaca Pius Ncure, arzobispo católico de Bulawayo, la segunda ciudad, que siempre ha mantenido una postura crítica, lo que le ha granjeado la permanente hostilidad del Gobierno.
El futuro de los trece millones de zimbabuenses también está condicionado por actuaciones que traspasan la frontera. La pasividad de los países limítrofes de África austral ante lo que ocurría, también conocida como 'la diplomacia del silencio', ha permitido también que Mugabe permanezca en el poder en un clima de impunidad en el que la fórmula 'amañar antes de servir' le otorgaba un poder sin fisuras. El fraude electoral cometido en 2002 fue aprobado por los representantes del Sadc, la Comunidad para el Desarrollo Económico de África del Sur, y no hay duda que su postura tras la segunda vuelta también puede condicionar el futuro destino del país.
Apoyo guerrillero
Los intereses económicos y la vieja colaboración guerrillera han supuesto un sustento importante para el régimen. Zimbabue sirvió de base para las milicias del ANC, en el caso de Sudáfrica, y de San Nujoma, el 'padre de la patria' de Namibia, países que le han apoyado siempre y con los que ha mantenido fluidos contactos políticos.
No hay que olvidar que junto a un tirano siempre aparece una ostentosa y dilapidadora primera dama. La segunda y actual esposa de Mugabe es conocida como 'Grabbing Grace' o 'Grace, la que aprovecha', en alusión a su condición de amante del presidente cuando la anterior cónyuge agonizaba. Hace unos años, la prensa internacional la acusó de haber erigido una mansión, costeada con los fondos de la ayuda humanitaria norteamericana, pero el escándalo la obligó a venderla a Gadafi.
Curiosamente, ella quizás no se vea obligada a abandonar el país en un avión especial, porque posee su propia nave. Adicta a los productos de la firma Gucci y otras compras suntuosas en París o Londres, obligaba a desalojar aviones de la línea de bandera para llenarlos con sus caprichos, lo que condujo a su marido a adquirir el jet privado de Hugh Hefner, el creador del imperio Play Boy, y ponerlo a su disposición.







