
APUNTE BIOGRÁFICO
APUNTE BIOGRÁFICO
Perfeccionista obsesivo, era capaz de reproducir con exactitud casi cualquier cosa en la que fijara su atención. Comenzó como copista de obras de arte, pero para 'clavar' un Rembrandt hay que estar inspirado, y nuestro hombre acabó por cansarse de esperar a las musas. Decidió usar un único color, el verde dólar, y en vez de retratos y paisajes, comenzó a falsificar billetes de diez. Frívolo, mujeriego, amoral y divertido, su chiste preferido era: «¿Por qué ganar dinero haciendo obras de arte si puedo ganar más dinero haciendo dinero?».
Smolianoff abandonó Rusia (con pasaporte falso, claro) cuando las cosas empezaron a torcerse para los judíos. Se sabe que pasó por Estocolmo, Amsterdam y Montecarlo, gastando con ligereza importantes sumas de dinero y exhibiendo un tren de vida que no casaba con su imagen de aburrido contable. Vivía peligrosamente. Se alojaba en hoteles de lujo y apostaba fuerte en los casinos mientras la policía de varios países europeos le pisaba los talones. Lo arrestaron varias veces, siempre por falsificación de moneda. La última de ellas, en Berlín, en 1939. Teniendo en cuenta su condición de judío, la policía tardó poco en sentenciar el caso: Mauthausen. Trabajos forzados. Y aquí es donde las cosas empiezan a ponerse interesantes.
Top secret
Después de cinco años picando piedra, Smolianoff fue trasladado a Sachsenhausen con otros veinte prisioneros. Meticulosos impresores, tipógrafos, linotipistas, grafistas... un equipo de artistas obligados a trabajar como falsificadores para la citada operación de alto secreto. Uno de sus compañeros en Sachsenhausen, Adolf Burger, impresor eslovaco arrestado por 'motivos políticos' en 1942, concibió la romántica idea de que se podía combatir al ejército nazi incluso desde dentro de un campo de concentración. Fue Burger quien convenció al resto del equipo para sabotear la producción de billetes, estropeando deliberadamente la gelatina necesaria para la impresión.
Después de que asesinaran a su mujer, su propia vida le importaba más bien poco, y si saboteó el proceso fue para salvar su conciencia. Aún hoy continúa dando conferencias en las que relata lo que realmente ocurrió. Smolianoff, en cambio, no participó en las acciones de sabotaje. Trabajó duro, demostrando sus habilidades. Pragmático, no paraba de repetirse que lo suyo era mucho mejor a ser un preso normal. Iba lo más limpio posible, no tanto por mantener la dignidad como por agradar a los kapos, que se mostraban menos salvajes ante un prisionero aseado. Mientras tanto, el ejército aliado ganaba terreno.
En la película sobre su vida, Smolianoff y sus compañeros son liberados de Sachsenhausen. En realidad, los talleres de falsificación fueron desmantelados cuando el frente oriental cayó a principios de 1945 y los rusos cruzaron el Oder en su camino hacia Berlín. Los prisioneros y su taller fueron trasladados a los Alpes y finalmente realojados en el campo de concentración de Ebensee, en Austria, de donde fueron liberados por el Ejército estadounidense.
Dedos de pianista
'Los falsificadores', que ha ganado el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, recrea su historia con libertad y atrevimiento. El papel de Smolianoff lo interpreta, de manera brillante, el actor Karl Markovics. Aunque también es bajito y tiene orejas de soplillo, hay algo en él que no acaba de encajar con la imagen que uno tiene de un falsificador. Markovics es un tipo de aspecto patibulario, dedos deformes y nariz de boxeador. Smolianoff fue un delincuente, pero no un maleante. Un artista de la falsificación pero artista al fin y al cabo, con los dedos largos y fuertes, como los de un pianista.







