
CRONOLOGÍA
Parece que la 'tolerancia cero' propugnada en su día por el alcalde, Tontxu Rodríguez, comienza a dar sus frutos. Los responsables municipales no han querido facilitar datos concretos para comparar los delitos antes y después del imponente despliegue policial en la zona, si bien aseguran de un modo tajante que no existen significativos cambios. «El número de denuncias registrado es similar», cuenta la responsable del departamento. No por ello, las partes implicadas asumen relativamente contentas el resultado de la iniciativa.
Las comunidades de vecinos son, de todos los grupos, las que mayor grado de satisfacción desprenden. Atravesar una marabunta juvenil en pleno jolgorio nocturno provocaba cierto temor a gran parte de los residentes en este área hasta finales de enero. Ahora, matrimonios como el que forman Iñaki Rodríguez y Raquel Llamas -ambos de 42 años- se atreven a circular por la otrora 'zona prohibida'. «Ves a gente de uniforme y sabes que nadie va a intentar hacer nada. Antes dábamos un rodeo para llegar a casa por si las moscas», relata la pareja. Eso no quiere decir que la convivencia sea del todo pacífica. Las botellas esparcidas, una ingente cantidad de menores en estado de embriaguez y los improperios se mantienen, según los afectados consultados por este periódico.
Toxicómanos y 'camellos'
Un hostelero de la zona, que prefiere mantener el anonimato por temor a posibles represalias, también se da por satisfecho con el despliegue policial. Y eso que cree «estar perdiendo dinero» al percibir una disminución en el número de clientes que acuden a Juan de Garay. «Sobre todo cuando estalló la polémica y aparecieron tantos policías, venía menos gente por aquí», describe. Al mismo tiempo, critica «el escaso control» en la venta de alcohol en los bazares. Se muestra convencido de que esta situación «es el origen de la moda del botellón» y pasa factura a empresarios como él. «Por mucho que bajes el precio y hagas promociones atractivas, siempre es más caro consumir en el interior de un bar o pub. Eso no lo puedes cambiar», reflexiona.
A los comerciantes, más que el ocio juvenil y las reyertas, les sigue preocupando otro problema que tiene más incidencia de día. Se trata del gran número de toxicómanos -alrededor de veinte, de forma alternativa- que se reúnen en la parte de arriba de la travesía. Dicen que la situación no ha mejorado y los 'camellos' «siguen campando a sus anchas» a la altura de la Escuela Oficial de Idiomas. Sólo parecen haber variado su 'modus operandi'.
Menos «groserías»
«Utilizan triquiñuelas. Pasan por delante de los 'yonkis' y les hacen un gesto para que vayan a otro sitio a hacer la transacción», protesta la dependienta de una tienda cercana. Al menos ha detectado menos «groserías» a paseantes. Otros afectados del entorno avisan que los robos no han cesado en este tiempo, por más que luego se dé caza al caco de turno.
El Ayuntamiento de Barakaldo, no obstante, está convencido de que el asunto de los drogodependientes está sobredimensionándose. Los datos que maneja en este asunto la concejal de Seguridad Ciudadana son radicalmente distintos a la percepción de los comerciantes. Esas cifras demuestran que de día, en el último mes y medio, «sólo se han gestionado seis denuncias» por hechos ocurridos en la zona. «Cuatro son actuaciones de oficio de la Policía Municipal y las otras dos han sido presentadas por personas individuales», corrobora Santamaría. Lo único en lo que todos convienen -comerciantes, residentes y la institución local- es que el problema no se arregla fácilmente. Al igual que las trifulcas nocturnas. El tiempo lo dirá.




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