
Pero este año es especial. El centro celebra que ya han pasado cinco décadas desde que llegó a Bilbao. Corría el año 58 cuando varias religiosas de la congregación Jesús-María, fundada por Claudina Thévenet, llegaron a la villa «y percibieron una sociedad muy laboriosa, con una actividad industrial y portuaria muy fuerte. Vieron que un centro educativo podía tener futuro», explica la hermana Manuela Odriozola.
Seis religiosas se encargaron de ponerlo en marcha. Compraron un chalet, ya desaparecido -que se levantaba en la confluencia de las calles alameda San Mamés y Gordóniz-, y 28 niñas de 3 a 10 años inauguraron sus pupitres el 14 de octubre de 1958. Pueden alardear de alumnos desde sus comienzos y es que Ana Urquijo, ex presidenta del Athletic, fue la primera pequeña que se matriculó en el centro.
El chalet se quedó pequeño para el segundo año, pese a tener capacidad para 300 alumnos, «así que compraron otro palacete en la avenida de las Universidades. Estaba dentro de una finca de 18 hectáreas, que se extendía desde la ría hasta la carretera de Artxanda», recuerda Odriozola. Costó 54 millones de las antiguas pesetas, pero el segundo edificio fue una solución provisional. La idea era ir construyendo un gran colegio en lo alto del monte con los fondos que le proporcionara la venta paulatina de las parcelas inferiores de la finca.
Y así lo hicieron. «Se empezaron a levantar pabellones donde el aire lo permitió, porque corría un viento sur terrible que hacía volar las togas de las monjas», bromea Odriozola. Hoy, 750 alumnos de 2 a 18 años ocupan esas aulas y otras 300 personas -docentes, cocineros, chóferes...- completan el pequeño universo del Jesús-María. Con motivo del aniversario, una exposición fotográfica repasa en la entrada del colegio esta andadura «y refleja cómo hemos pasado de ser un colegio en blanco y negro a otro en color y de colores», comenta el director del centro, Pedro Mendigutxia. Por los pasillos se mezclan bilbaínos, rusos, angoleños, dominicanos El colegio se ha abierto aún más al mundo y la inmigración; los nuevos sistemas educativos y el auge tecnológico lo mantienen en un proceso de transformación y adaptación permanente. En este tiempo, las religiosas han abandonado el riguroso hábito negro que apenas dejaba entrever sus rostros, los alumnos han modernizado su uniforme, desde hace tres años el colegio tiene su primer director seglar, y hace un lustro adoptaron un sistema trilingüe «que ha supuesto que el colegio se transforme», asegura Mendigutxia.
Lo que se mantiene es una relación especial entre profesores y alumnos. «Los chavales recuerdan de forma entrañable a profesoras y religiosas que no les dan clase desde hace años», describe Pilar Álvarez, presidenta de la Asociación de Padres de Alumnos. Conchita Ibarlucea, Pilar Esteban o Maite Salazar son algunas de esas docentes que han dejado huella en miles de alumnos.
Con carisma
«Maite nunca llegaba puntual al colegio, pero no hacía falta. Consiguió que sus alumnos se pusieran a estudiar solos y les transmitió un amor increíble por la naturaleza». Su herencia es un pasillo en el colegio que más parece un jardín interior. Otras de esas almas carismáticas son las tres hermanas fundadoras que aún viven: Magdalena, Asunción y Luisa María. Ésta ha pasado los últimos 36 años en Bolivia y «es una mujer pionera en todo. A sus 75 años ha cogido un basurero de La Paz y lo ha convertido en una cuidad con escuelas, servicios sanitarios y viviendas».
Los profesores presumen de «haber formado una familia entre todos y eso le ha dado un aire especial al colegio». El director del centro explica que «ha habido una fidelidad muy grande al puesto de trabajo. Muchos se han jubilado después de 35 años y de pasar por sus manos muchas generaciones de alumnos. De hecho, las profesoras de Bachillerato tienen ya en sus aulas a las hijas de chicas a las que también enseñaron».
El resultado es una relación que va más allá del temario de un examen, «porque muchos profesores han sabido cruzarse en el camino cuando amenazaba un conflicto entre alumnos, han estado ahí cuando alguno empezaba a hacer el idiota con las drogas, han servido para más que para explicar una lección», alaba el director. Durante los próximos meses, el colegio continuará celebrando su cumpleaños. La próxima semana, habrá diversas charlas en la biblioteca de Bidebarrieta, en junio celebrarán una macrofiesta para los alumnos y en diciembre despedirán el cincuentenario con una gala en el palacio Euskalduna.




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