Santamaría estima que esa mayor presencia de la guardia urbana ha disuadido a muchos agitadores. A raíz del dispositivo, ha crecido «el número de personas identificadas» por participar en algún conato de pelea o enfrentarse verbalmente a otras personas. Se les pide el carné de identidad y normalmente se calman ante el respeto que impone la autoridad. Lo que ha llamado la atención de la concejal, no obstante, es el interés que despierta la travesía entre los foráneos. «Más de la mitad de los alborotadores vienen de fuera; no son de Barakaldo, sino de otros municipios cercanos», resalta a modo de defensa de la juventud local.
La estrecha vigilancia en Juan de Garay no se queda en la penumbra nocturna. Por el día, cuatro agentes -dos de paisano y otros tantos de uniforme- están en alerta mientras pasean por la arteria comercial. Les acompaña una patrulla de zona, que da vueltas por los alrededores como en el resto de lugares de la segunda urbe vizcaína. Es un gran despliegue. Tanto, que Olga Santamaría no ve alterarse la normalidad en la atestada calle.
Ordenanza antibotellón
No era una demanda principal de los afectados, pero el Ayuntamiento ha decidido aprobar dos ordenanzas vinculadas a la seguridad ciudadana. Una prohibirá la extendida práctica del botellón en la vía pública, común en el bidegorri. La otra normativa busca castigar con mayor dureza las agresiones, como ocurre en Bilbao mediante la aplicación de la particular 'guerra al navajero' que lidera Iñaki Azkuna.
«Ya tenemos dos borradores y en los próximos meses esperamos que puedan entrar en vigor las ordenanzas», insiste Santamaría. El PSE-EE gobierna en solitario y en minoría en la ciudad. Es por ello que debe llegar a un acuerdo con algún grupo para que los reglamentos vean la luz.




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