
En un par de intensas jornadas de exámenes puede quedar decidido, o sentenciado, su futuro académico y laboral. «Quiero estudiar Derecho económico en Deusto, sólo necesito aprobar este examen pero, claro, tengo que llegar a junio limpio de suspensos para poder presentarme a la selectividad. Estoy seguro de que lo conseguiré, bueno casi seguro», comenta. En esta carrera por el aprobado tiene quien le guíe: los profesores de la Academia San Agustín de Bilbao.
Iñigo dice ser «un estudiante normal, con algún que otro cate pero tampoco un carro de ellos». «El curso pasado sí tuve disgustos gordos con las notas y mi ama me dejó claro que así no podía seguir porque este año me juego mucho», reconoce. Así que cada semana dedica dos horas adicionales a las matemáticas, una asignatura que se le resiste junto con el euskera. «En clase se da mucha materia y no da tiempo a preguntar todas las dudas o a que el profesor explique uno a uno los problemas. Por eso, en la academia se complementa todo lo que aprendes en el colegio, aunque de una manera más personalizada», explica.
Eso sí, sabe por propia experiencia que los milagros no existen. «Aquí me ayudan a comprender los conceptos y a organizarme mejor las tareas. Sin embargo, en casa tengo que seguir trabajando si quiero sacar adelante este curso». Y los que vengan, ya que, paradójicamente, Íñigo ha elegido una carrera en la que volverá a toparse con las 'odiosas' matemáticas. «Me han comentado que en la Universidad las 'mates' no son para tanto. Por eso la he escogido», relata el estudiante al finalizar una de las clases en San Agustín.
A media tarde, con los 'deberes' ya hechos, para despejarse Iñigo entrena kick-boxing y también saca tiempo para estar con los amigos. La mayoría de la cuadrilla estudia por su cuenta en casa y cuando tienen alguna duda, le preguntan a él. «Les he dicho una y otra vez que prueben a venir a la academia, de momento ninguno me ha hecho caso aunque cuando se vaya acercando la hora... ya veremos si no vengo acompañado», bromea.










