
EL AUTOR
Gracias a las cartas, fotografías, anuncios y documentos de variado pelaje que atesora en su particular archivo, ha podido escribir sobre los años del miedo y el hambre en España, sobre una posguerra terrible en la que «hubo gente que murió de inanición, mujeres que tuvieron que prostituirse para dar de comer a sus hijos, enfermedades que no se daban desde la Edad Media y también gente que vivía muchísimo mejor que ahora». El problema es que esos eran unos pocos mientras el resto, la mayoría, aprendían a «no significarse» para sobrevivir.
«En el libro cuento cómo un chico lee una novela del 'Coyote' de madrugada en su cuarto y la luz se filtra por la ventana. Su madre le pide que apague porque se están 'significando'. Esa palabra es el miedo, el pánico», describe el autor. Otra de sus anécdotas parece «un chiste», pero es real como la vida misma. Un hortelano granadino va a arreglar una bomba de agua y cuando se cruza con la Guardia Civil y le preguntan por lo que lleva en la bolsa, comienza a explicar el objeto: que si es una herramienta con un cabezal, que si sirve para no sé qué, que si hay que engrasarla... «Ya, eso se llama bomba de agua», le dice el agente. Y él: «ya lo sé, pero es que si empiezo diciendo eso, a lo peor no me da tiempo a más», le reconoce el campesino.
Anécdotas increíbles
Todo lo que aparece reflejado en 'Los años del miedo' parece mentira, algo imposible, pero «todo es real», asegura Eslava Galán. Como en 'Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie', el escritor ha recogido piezas del día a día de la España de aquella época para, dándole un estilo literario, presentar el puzzle de la Historia. El escritor se regodea además en anécdotas que hoy se hacen increíbles. Como comprar unas alpargatas, «que podían ser de suela de esparto o de suela de goma, que eran mejores»; para ello, no sólo había que ir a la tienda con dinero, sino «también llevar las viejas».
El 'Chato Puertas', uno de los personajes de este ensayo novelado, se iba de paseo a los barrios pobres cuando quería echar una canita al aire. Con sólo hacer una señal desde el interior de su coche a una mujer, tenía asegurada compañía. Hasta ese punto llegaba la desesperación de muchas mujeres. Y eso que la moral católica había tomado fuerza y las leyes eran mucho más represivas que incluso antes de la II República. «La mujer estaba jodidísima en los años 40 y 50», explica el escritor, perteneciente a la generación bisagra entre quienes vivieron aquello y quienes ya han nacido en democracia. «España ha cambiado más en 30 años que en 2000», sentencia. Él seguirá buscando historias para demostrarlo, y para que no se olviden.

















