
El Sima 2008 abrirá hoy sus puertas con las empresas del sector inmobiliario inmersas en una severa crisis y abocadas a precios a la baja. El último caso conocido es el de Marina d'Or, cuyo director general, Federico Rivas, reconocía la pasada semana a TV-3 que el grupo se había visto obligado a desprenderse de un millar de trabajadores, al caer en un 60% la venta de sus apartamentos en España. Los beneficios de la empresa descendieron cerca de un 50% en 2007, lo que ha llevado a la compañía a apostar por la puesta en marcha de promociones en otros países.
En este escenario de crisis, Antonio Trueba reconoció que el mercado sufre una sobreoferta notable y un «endeudamiento empresarial extremo», lo que traerá serios problemas. El ejecutivo explicó que el sector estaba ya condenado al reajuste de precios antes de que surgieran -el pasado verano- las turbulencias financieras y la crisis de las 'subprime'. Uno de los lastres más pesados de las compañías es su enorme deuda. Préstamos firmados en muy pocos años y que no todas han sabido gestionar. «Ha habido muchas 'opas', muchos peces pequeños que se comieron a los grandes y van a pasar más cosas», advirtió agorero Trueba. A su juicio, las inmobiliarias han comprado mucho suelo muy caro y no han aplicado a sus balances todo el rigor que debían.
Medidas «selectivas»
«El cambio de ciclo va a durar tres años y será profundo», apuntó el representante de los empresarios. «Las grandes inmobiliarias (agrupadas en el G-14) han recortado un 70% interanual la iniciación de pisos en lo que llevamos de 2008», afirmó Trueba, que aventuró un descenso de los precios de hasta el 15% sin descontar la inflación en los próximos dos o tres años. Para tratar de salir del atolladero, dijo, las empresas deberán plantearse planes serios, y si es preciso, vender sus activos más importantes.
El empresario lanzó un mensaje al Gobierno: «Cada euro que se invierte en ladrillo genera el doble de empleo que en obra civil, ellos (el Ejecutivo) son conscientes y tienen que hacer algo». Entre las peticiones, una política fiscal que empuje a la demanda (más y mejores desgravaciones a la adquisición) y trámites más ágiles que permitan, por ejemplo, desclasificar la VPO construida para compra para convertirla en pisos para alquiler.
El empresario compartió mesa redonda con el director general del Servicio de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina, quien, sin discrepar de forma directa con el empresario, se mostró partidario de que el Estado, en lugar de café para todos, apueste por medidas «selectivas y de reactivación a corto plazo para los jóvenes, los inmigrantes y las rentas bajas».







