La operación -necesaria para empalmar a la red las conducciones colocadas en Rekalde, entre las calles Gordoniz y Altube- atravesó su punto más delicado bien pasada la una y algunos primeros espadas del Consistorio no quisieron irse a casa confiando en que todo saldría bien. Prefirieron quedarse apostados junto al tajo y comprobarlo personalmente. Algunos, como el concejal de Obras y Servicios, José Luis Sabas, apenas durmieron dos horas.
Pero el esfuerzo mereció la pena. «Pasamos nervios hasta que vimos que todo funcionaba según lo previsto. Gracias a Dios, todo salió estupendamente, pero tampoco queremos echar las campanas al vuelo», afirmó Sabas, que recibió la felicitación pública del alcalde, Iñaki Azkuna. Eso sí, el primer edil matizó su lógica satisfacción por el resultado de los trabajos con una concesión a la prudencia: «Ahora, a tocar madera para que esta semana no se produzca ningún problema en la red». Según explicó, «es frecuente que haya alguna rotura cuando ha habido cambios de presión».
El jefe del Servicio de Aguas del Ayuntamiento, Santos Santamaría, también alertó sobre la posibilidad que ocurriese algún contratiempo estos días, «debido a las manipulaciones». Además, según añadió, no es tiempo de dormirse con el arrullo de felicitaciones y enhorabuenas: «Las obras continúan, hay otra tubería que debe llegar a una segunda arqueta entre Altube y Gordoniz Hasta dentro de un par de meses no finalizarán los trabajos en la zona», avanzó.
Escasa repercusión
En buena medida, el éxito de la operación radica en que pasó desapercibida para la mayor parte de los bilbaínos, ya que sólo unas 150 personas de la zona alta de Rekalde se quedaron sin agua durante las maniobras. Para el director de Obras y Servicios, Javier López Iturrate, la escasez de daños colaterales es la rúbrica perfecta para la actuación. «Lo llevábamos bien preparado para causar los menores problemas posibles», manifestó ayer. Tanto lo habían ensayado sobre el papel que, cuando llegó la hora de la verdad, «incluso sobró tiempo». «Los operarios fueron muy eficaces y el empalme, que se preveía para las dos, estaba terminado a la una», aclaró Iturrate, que a esa hora estaba ojo avizor junto a una zanja de la calle Biarritz.
Mientras, la mayor parte de los vecinos afectados por las obras dormían después de haber pasado una jornada menos traumática de lo que habían previsto. «Pensábamos que iba a ser peor, pero sólo se ha notado una bajada de presión. Después de lo que hemos sufrido últimamente con los reventones, esto no ha sido nada. ¿Además, habíamos guardado agua en baldes!», admitió ayer Ana, una vecina de la calle Tolosa. Las hermanas de la congregación de Apostólicas del Corazón de Jesús, que vive en la zona, también manifestaron su alivio por haber tenido suministro casi todo el día. «Por la mañana no pudimos ducharnos, pero luego ya sí. Además, estábamos avisadas», deslizó una religiosa.




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