
Lejos del espectáculo que la figura podría brindar, el guión se centra en la obsesión de Houdini por su difunta madre y su pretensión de desenmascarar a los vendeores de humo del espiritismo. Un desafío con recompensa en el que entra en juego la visionaria interpretada por Catherine Zeta-Jones y su espabilada hija. Hasta aquí bien, pero la historia se centra en la repentina atracción entre ambos vendedores de ilusión y su fugaz relación amorosa. Las dudas y sospechas se repiten en un desarrollo entretenido, pero de escaso interés.
Tampoco la resolución del enigma relacionado con la madre del mago tiene una justificación convincente. En definitiva, se queda uno con ganas de conocer más los logros que hicieron inmortal a quien llegó a decir que si es posible que alguien regrese del mas allá, ése era Houdini. Sin duda, una sentencia que deja bien claro que si el gran escapista no fue capaz de eludir una muerte absurda, los demás lo tenemos complicado.






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